
Desde que tengo memoria había soñado con ser madre. Desde hace muchooo tiempo. A mis cortos cuatro años me conforme con ser la madre de mi hermano, ¡Ay! de si lo escuchaba llorar, corría como loca a su encuentro para consolarlo…y tenía cuatro años.
A medía que crecía el deseo de ser mamá desaparecía y aparecía, intermitentemente.
Cuando me enteré que estaba embarazada fue todo un evento. Con mi marido no creíamos en el resultado positivo del test de embarazo, por lo que fuimos a un Ginecólogo con el fin de que nos diera una orden para hacerme el examen de la famosa hormona que nos alerta que estamos encargando.
Fue tan divertido cuando recibimos el resultado. Dos tontos viejos sólo vieron como resultado aquello que no quería ver “no estaba embarazada”. Para sorpresa nuestra, estábamos equivocados. Insisto a veces uno ve lo que quiere ver, en ese entonces para no ilusionarnos ambos vimos negativo.
Fueron cuatro meses que no dejaron que olvidara que estaba embarazada el sueño, los dolores de cintura y los vómitos me los repetían a diario. A pesar de mis síntomas a ratos sentía vacíos y me preguntaba ¿cuándo rayos iba a llegar el instinto maternal y ese amor loco por un bebe?.
No aparecía por lo que decidí no angustiarme y esperar el día de su nacimiento.
Mi Ginecólogo nos daba confianza y terminó por darnos muchas risas. En cada consulta nos saludábamos cordialmente. Mi marido echaba un par de bromas y yo me aproximaba a mi agenda para hacerle a mi doctor un sin numero de preguntas que llevaba anotadas. Preguntas que me habían hecho y no sabía como contestar y preguntas que sólo se me ocurrían a mi. Todavía recuerdo cuando casi al final de los nueve meses, se estiro en su sillón tomándose de manos.
- Ya Marcela a ver que preguntas tienes
Después de contestar algunas y reírse de otras. Me dijo…
- Tú deberías escribir un libro de las preguntas que jamás se deben hacer.
Rompimos los tres a reír. Mi marido incondicional siempre estaba a mi lado.
Cuando nació Matias, recibí a un gordito con ojos de aceitunas que miraba su entorno y me miraba a mí. Ni siquiera lloraba, parecía que venía a este mundo tan curioso como yo.
Ese día existieron un par de complicaciones. Nunca me di cuenta, estaba extasiada mirando a mi hijo. Si ese día hubiera muerto lo hubiese hecho feliz.
Luego todo en tranquilidad nos quedamos los tres Papá, Mamá y Matias. Y el instinto no me llegaba era como un sueño. Cuando nos fuimos a casa pensé “lindo el niñito ¿cuándo lo devuelvo?”. No caía que Matias era una personita que estaría en mi vida por muchos años.
Era y es tan lindo. Sigue con sus pícaros ojos de aceituna, tiene tan sólo una margarita al lado derecho que lo distingue de su padre, él la tiene al lado izquierdo. Tiene un par de ojeras y unos labios carnosos (¡esos son míos! siempre repito, es evidente,…mmm los ojos también son míos)
Y el instinto maternal nunca llegó. Lo que llego fue algo mucho más fuerte. Me llego un amor tan grande por ese niñito. Que crece día a día. No hay nada como el amor de una mamá. Es incondicional, eterno y exponencial.
Amo tanto a mi hijo. A pesar de que últimamente me haya sacado un par de canas. Tiene 3 años y si que es un bandido.
Soy eternamente feliz de ser su madre
Soy eternamente feliz de que se me haya permitido ser parte de su vida.
Te amo hijo
Siempre
Siempre
Siempre
Siempre
Siempre
A medía que crecía el deseo de ser mamá desaparecía y aparecía, intermitentemente.
Cuando me enteré que estaba embarazada fue todo un evento. Con mi marido no creíamos en el resultado positivo del test de embarazo, por lo que fuimos a un Ginecólogo con el fin de que nos diera una orden para hacerme el examen de la famosa hormona que nos alerta que estamos encargando.
Fue tan divertido cuando recibimos el resultado. Dos tontos viejos sólo vieron como resultado aquello que no quería ver “no estaba embarazada”. Para sorpresa nuestra, estábamos equivocados. Insisto a veces uno ve lo que quiere ver, en ese entonces para no ilusionarnos ambos vimos negativo.
Fueron cuatro meses que no dejaron que olvidara que estaba embarazada el sueño, los dolores de cintura y los vómitos me los repetían a diario. A pesar de mis síntomas a ratos sentía vacíos y me preguntaba ¿cuándo rayos iba a llegar el instinto maternal y ese amor loco por un bebe?.
No aparecía por lo que decidí no angustiarme y esperar el día de su nacimiento.
Mi Ginecólogo nos daba confianza y terminó por darnos muchas risas. En cada consulta nos saludábamos cordialmente. Mi marido echaba un par de bromas y yo me aproximaba a mi agenda para hacerle a mi doctor un sin numero de preguntas que llevaba anotadas. Preguntas que me habían hecho y no sabía como contestar y preguntas que sólo se me ocurrían a mi. Todavía recuerdo cuando casi al final de los nueve meses, se estiro en su sillón tomándose de manos.
- Ya Marcela a ver que preguntas tienes
Después de contestar algunas y reírse de otras. Me dijo…
- Tú deberías escribir un libro de las preguntas que jamás se deben hacer.
Rompimos los tres a reír. Mi marido incondicional siempre estaba a mi lado.
Cuando nació Matias, recibí a un gordito con ojos de aceitunas que miraba su entorno y me miraba a mí. Ni siquiera lloraba, parecía que venía a este mundo tan curioso como yo.
Ese día existieron un par de complicaciones. Nunca me di cuenta, estaba extasiada mirando a mi hijo. Si ese día hubiera muerto lo hubiese hecho feliz.
Luego todo en tranquilidad nos quedamos los tres Papá, Mamá y Matias. Y el instinto no me llegaba era como un sueño. Cuando nos fuimos a casa pensé “lindo el niñito ¿cuándo lo devuelvo?”. No caía que Matias era una personita que estaría en mi vida por muchos años.
Era y es tan lindo. Sigue con sus pícaros ojos de aceituna, tiene tan sólo una margarita al lado derecho que lo distingue de su padre, él la tiene al lado izquierdo. Tiene un par de ojeras y unos labios carnosos (¡esos son míos! siempre repito, es evidente,…mmm los ojos también son míos)
Y el instinto maternal nunca llegó. Lo que llego fue algo mucho más fuerte. Me llego un amor tan grande por ese niñito. Que crece día a día. No hay nada como el amor de una mamá. Es incondicional, eterno y exponencial.
Amo tanto a mi hijo. A pesar de que últimamente me haya sacado un par de canas. Tiene 3 años y si que es un bandido.
Soy eternamente feliz de ser su madre
Soy eternamente feliz de que se me haya permitido ser parte de su vida.
Te amo hijo
Siempre
Siempre
Siempre
Siempre
Siempre
No sabes como te admiro-y envidio, yo todavía no tengo-
ResponderEliminarPara mi es lo más grande, el sentimiento más puro.
Enhora buena y un besin para el retón.
Mi hijo es mi gran amor, es mi gran diversión. No entiendo a aquellas que no quieren a sus hijos y los desprecian. Espero que experimentes de la maternidad (de la forma que sea, para ser madre no es necesario cargarlo nueve meses en tu vientre). Es una gran responsabbilidad ufff a ratos da miedo y es un largo aprendizaje. los niños vienen cargados con ideas propias que a pesar de ser chiquitos te pueden impresionar y dar una lección...uyyy hablaría todo el resto de la tarde...besos Andaya,espero pronto te sientas tan llena ccomo yo.
ResponderEliminarp.d eres maternal ... se notó en tu comentario en el blog de serafad, nos paraste en seco. :)
No peque, es que este medio se presta a malos entendidos tontos.Y es una lástima cuando se trata de buenas personas como vosotros dos.
ResponderEliminarPD:
jajajaj ¿soné madastrona? aysss
Gracias por lo de considerarme buena persona. Soy nueva en esto así que agradezco tu comentario. Y no! no sonaste como madrastra ja, ja,ja, sonaste como una amiga.
ResponderEliminarBesos y exito en tu semana, no del profesional claro...creo que ahi te va bien...exito en lo del corazón...
Toc toc.. disculpen que me meta en medio de la platica.. :)
ResponderEliminarA mi el cielo me premio no con una.. si no con 3 viejas chicas.. que no solo me vuelven loca.. me llenan el alma por completo... ser madre es un sentimiento muy extraño porque es caotico y estresante al mismo tiempo que es glorioso y altamente satisfactorio...
Saludos a ambas!
San..
San siempre serás bienvenida...así nada de disculpas.
ResponderEliminarEs fácil ver en tu blog que estas tres niñitas te llenan por completo, me divierto mucho con las historias de tus hijas. ¡Te felicito!
besos