- Hola. Tengo cita con la doctora Leiva.
- La doctora Leiva tuvo una emergencia canceló todas sus visitas.
- ¿Cómo?- estaba irritada
- ¿Viene por un medicamento? tal vez se lo pueda recetar el doctor Swan
- ¿Swan? a no gracias- voltee tan rápido como pude. Saber que él se encontraba en el mismo lugar me daba escalofrío
- Señorita ¿reprogramo su hora?
- No te preocupes llamo luego
Estaba dispuesta a salir cuando lo vi de nuevo
- Beatriz me voy a la cafetería ya no tengo más pacientes hoy. ¿Marcela?- me llamó sorprendido.
- Ehhh si soy yo-respondí
- Hola, ¿Cómo está?
- Mmm bien..gracias
- Estaba preocupado. La última vez que la vi juraría que venía otro desmayo.
- ¿Desmayo? No… -trate de sonar natural a pesar de que mi cuerpo me delataba, no tenía color, mis manos me sudaban y comenzaba a marearme nuevamente.
- ¿Se siente bien?
- Si claro. Disculpe pero me tengo que ir
No se si fue que voltee muy rápido pero perdí estabilidad. El doctor Swan otra vez me salvo de una caída
- Usted no está bien. Venga a la cafetería conmigo. Un café le caerá bien podría jurar que sufre de presión baja. Beatriz cuando llegue Juan dile que me lleve los papeles a la cafetería
Bajamos por el ascensor. Intente soltarme pero no me dejo. Me apretaba del brazo. Tenía miedo que cayera al suelo.
- Dos cafés por favor
Me ayudo a sentarme. Guardamos un minuto silencio. Aunque yo lo hubiese dilatado a horas.
- ¿Se siente mejor?- pregunto nervioso
- Si, gracias
- ¿Le ocurre esto a menudo?. Yo no recuerdo haber leído de desmayos en su historia clínica.- preguntaba confundido.
¿Cómo le explicaba que era él quién los producía?
- Ehh no en realidad han sido sólo dos veces…
- ¿Quiere algo de comer?
- No Doctor Swan, gracias ya ha hecho demasiado
- Felipe
- ¿Qué?
- Mi nombre es Felipe, no soy su doctor así que llámeme por mi nombre de pila
- Felipe- traté de sonreír quise disimular mi histeria. Así que tratando de sonar amable agregué- Bueno si te llamo Felipe tendrás que dejar de tratarme de usted, casi tenemos la misma edad.
- Bueno no tengo problemas con eso- sonrió satisfecho- así que ¿vez a la doctora Leiva? Pregunto
- Ehh si- me sentí culpable. Se suponía que mis citas serían con el. No me había enterado como Alfredo le había explicado que yo no quería verlo ni en pintura
- No te preocupes. No me molesto que no fuera yo tu doctor- curvando su labio ocultaba una risa- tranquila
- ¿A qué te dedicas?
- Soy diseñadora de interiores
- Mmm…¿te cambiaste ya a tu departamento?
Mire sorprendida ¿cómo rayos sabía que me iba a cambiar de departamento?
- Disculpa que sea impertinente. Eso fue lo último que me contó de ti el doctor Sánchez.
- Ehh …
No tuve tiempo de responder
- Si me disculpan, doctor le traigo sus documentos- interrumpió Juan cargando una montaña de papeles
- Gracias Juan
No sé si fue la brisa o el nerviosismo de mi parte que hizo tambalear a Juan dejando tapizado el suelo con lo que traía en las manos.
- Mil disculpas doctor. Lo siento.
- No te preocupes Juan- contestaba mientras lo ayudaba a recoger los papeles
No alcance a pararme cuando mi vista se fijo en uno de esos papeles. Era una carta se notaba que tenía años. Estaba muy arrugada y gastada. La doblaban una vez más y se rompía en mil pedazos. La mire con más detención y reconocí la letra. Era mi letra. Era la carta de despedida que le había hecho a mi imaginario como parte de una de las sesiones con Alfredo. Lentamente estire mi mano y la tomé. En ese instante cruce mi vista con Felipe
- ¿Por qué tienes esto?- pregunte
- Ehhh yo la leí para conocer tu historia, antes de que decidieras ir con la doctora Leiva
- ¿La leíste?- estaba horrorizada me sentía al desnuda
- Si la tuve que leer
- ¿Cuántas veces?
- No recuerdo. Bastante supongo- estaba tenso
- Han pasado dos semanas ¿por qué no se la pasaste a la doctora?
- Lo iba a hacer…
- Me tengo que ir
- ¿Estás molesta?, ¿por qué te vas?
- Tengo que volver al trabajo, gracias por el café. Me llevo mi carta
- No quise incomodarte. Simplemente la leí. Debí habérsela entregado a la doctora Leiva…mmm no lo hice. Lo siento
- Gracias Felipe me voy
- Marcela….
Estaba confundida. Aún más confundida. ¿Por qué tenía que aparecer otra vez?, ¿por qué había leído tanto mi carta? ¿por qué se parecía tanto a mi imaginario?
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