jueves, 19 de marzo de 2009

DÍA 224

Mi despertar fue horrible. Toda la noche soñé con mi alucinación. Él me besaba, él me tocaba, él decía que me amaba. Era un sueño, pero para mí una cruel pesadilla.

Apenas desayune y camino a mi auto llame al doctor. Nunca lo llamaba, así que sin problemas accedió a recibirme. Llegué en minutos a su consulta. Él estaba esperándome.

- Hola doctor- apenas salía mi voz
- ¿Qué le ha pasado?
- Doctor…- rompí a llorar

Tiernamente Alfredo se acercó y me abrazo

- Tranquila, ¿Dígame que sucedió? No puede ser tan malo…
- ¿Qué no es tan malo?. ¡Es lo peor que me pudo suceder, alucino otra vez!. ¡Lo he visto!.
- Tranquila. Siéntese llamaré a mi secretaria para que le traiga un vaso de agua. Tranquilícese - me repetía mientras apoyando su mano en mi hombro me invitaba a sentarme.

De algún modo nunca perdía la esperanza en él por lo cual accedí y me esforcé por tranquilizarme.

- Es normal que existan recaídas, esto ya lo habíamos conversado. Lo que debes tener claro es que esta vez lo aceptas como alucinación y no como alguien real. Hay que analizar ahora el ¿por qué apareció?. La alucinación no es más que una válvula de escape.

De cierto modo me convencieron sus palabras. Sin embargo al verle su cara de preocupación me hecho por tierra todas las esperanzas.

- Si está tan seguro de lo que me dice ¿por qué tiene esa cara?. Me estoy volviendo loca otra vez ¿verdad?. Yo no tengo remedio es ¿eso?- mi angustia era evidente.
- No Marcela. Lo que te he dicho lo creo absolutamente. Lo que me preocupa es no estar cerca estos días.
- ¿Cómo? ¿se va algún lado?
- Bueno, ayer se lo iba a decir. Me voy a un Congreso, en Barcelona.
- ¿Barcelona? ¿Cuánto tiempo?
- Tres semanas
- ¡¡Tres semanas!!- exclamé
- Tranquila no le va a ocurrir nada. No quería dejarla sola. Por eso me comunique con el doctor Swan. Él está al tanto de su historia. Si está de acuerdo, puede continuar las sesiones con él. sólo serán tres semanas.
- ¿Doctor Swan? No puedo. No puedo contarle a un extraño lo que me ha sucedido, partir de cero. No puedo.
- Marcela sea razonable dada la situación que atraviesa debe contar con el apoyo profesional.
- Es que…
- Por favor. No debería decirle esto, pero usted es como una hija para mí no estaría tranquilo al dejarla sola. El doctor Swan es muy profesional se ha interesado mucho en su historia clínica. Me gustaría que lo conociera.
- Esta bien- suspire largamente.

No tenía opciones. No podía quedarme sola en estas circunstancias.

- Beatriz ubíqueme al doctor Swan y dígale que venga a mi consulta- dijo el doctor por su altoparlante
- ¿Doctor?- dijo la secretaria luego de golpear la puerta
- Adelante
- El doctor Swan está afuera
- Muchas gracias Beatriz, hagalo pasar

Yo no deseaba mirar a la puerta. No me hacía la idea de estar sin Alfredo. No me hacía la idea de contarle todos mis secretos a un desconocido.

- Marcela te presento al doctor Swan

Nuevamente quede paralizada. Sentí que el corazón había dejado de latir. Mis manos sudaban. Volví a marearme esta vez me recibió el sillón. No podía creer lo que me estaba sucediendo. Era tan perfecto. Era tan real.

- ¿Marcela?- pregunto Alfredo intrigado por mi reacción
- Hola soy el doctor Swan- estiro su mano
- Hola- no fui capaz de tocarlo
- Necesito hablar con usted en privado - le suplique a Alfredo
- Doctor Swan. Ella es Marcela la paciente de la que hablamos. Le he contado de mi situación y ella no tiene problemas en verlo. Los días martes y jueves en las mismas horas que tomaba conmigo. Ahora no le quitamos más tiempo yo luego paso por su oficina.
- Claro… hasta luego Marcela

No fui capaz de mirarlo. Mi cuerpo estaba agarrotado. Me faltaba el aire. Quería correr lo más lejos que pudiera mis piernas no me lo permitían.

- ¿Qué le pasa Marcela?
- Es él… respondí con un hilo de voz
- No entiendo Swan…¿qué pasa con Swan?
- Doctor es él…es mi alucinación. Aunque ahora lo vi más claro no es precisamente el hombre de mi cabeza…pero se parece mucho…es él…
- Eso quiere decir que no fue una alucinación lo de ayer.
- ¿Cómo?
- Cuando te desmayaste él te sostuvo.
- ¿Qué?
- No alucinaste Marcela. Viste al doctor Swan

Mi cabeza no paraba de dar vueltas. Estaba feliz al saber que no había alucinado. Pero mi felicidad se opacaba al saber que existía un hombre tan parecido a mi alucinación. Verlo era recordar que me había trastornado. Verlo era recordar mi peor momento.

- No quiero tener sesiones con él. No quiero verle más su rostro. Deríveme con otro, cualquiera, no importa pero con ese doctor no- suplicaba mientras tomaba sus manos
- Descuida. La verdad es que no me lo creo. Que pase esto. No me lo creo.
- Esto debe ser un castigo
- No. No hable así.

Cuando me despedí de Alfredo sentí que me despedía de mi confidente. Tenía miedo de lo que estaba sucediendo y de no tenerle cerca.

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