Hay una parte de mi que no se resigna a que no seas real.Hay una parte de mí que no entiende cómo llegué a tener alucinaciones.
Siento frustración y vergüenza por lo que he vivido y continúo viviendo.
Eras tan real…
Los doctores dicen que los medicamentos me ayudaron a parar con esta fantasía. Pero ellos no saben que fuiste tú quién me despertó, al no querer darme nuestro primer beso. En ese momento estaba confundida. Después de ese día no te escuché más. Dormí muchos días, al menos eso me contaron. Sufría pesadillas. Despertaba llorando y gritando. Para mí no había consuelo. Poco a poco me di cuenta de que estaba internada. Comencé a reconocer a la gente que me rodeaba. No eran nuevos rostros que descubría con cada minuto. Sus caras se iban repitiendo. Eran visitas habituales. Ya no eran desconocidos.
Mi familia comenzó a visitarme. Al menos ahora yo sí los veía. El rostro de mi madre se convirtió en mi constante, mi cable a tierra. Pasaron días para que pudiera olvidar la primera vez que la vi después de tanto tiempo. Su rostro estaba desfigurado por el dolor. Me abrazo como si hubiera resucitado. Yo era Lázaro. Lloraba y me besaba. Estaba feliz, estaba con mucho miedo.
Tengo días malos y días buenos. En los buenos me conformo sólo con respirar. En los malos deseo estar muerta, que me llenen de pastillas para no pensar y pensarte.
A veces lloró el día entero. Mi doctor dice que no me hace bien llorar. El no entiende como te amaba. Al igual que yo no logro entender como he enloquecido por amar un irreal.
Trato de ser constante. Esta lucha la llevo sólo por ella, mi madre.
Me dan ganas de renunciar. Pero de verdad que lo intento, de verdad que trato…
Se supone que ahora existe una luz que se llevará toda mi oscuridad.
(Continuará…)
(Continuará…)
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