Tenía una idea vaga o más bien concreta, de que aún tenía muchos rasgos de niña y que sin duda a veces me convertían en un payaso. Mi mamá más de alguna vez caía en suspiros, por mis gustos infantiles preguntándome ¿cuándo iba a madurar?. No le molestaba que siguiera siendo una cabra chica a mis 28, al contrario le sacaba más de una sonrisa, su preocupación caía en que no fuera madurar para enfrentar la vida.Mis gustos fueron cambiando ya no abundaban tantos "monitos" en los diseños de lo que sea. Pero ser niña forma parte del artista. Ja!.
Y a mi vida arribó un dulce niño, que no se molestó por mis arranques de espontaneidad. Hacemos un dúo bien entrete. Mis bases para afirmarlo son las risas en las que caemos. Somos totalmente compatibles, o es él o soy yo quién sorprende con una chiquillada comenzando así nuestros juegos.
Ayer por ejemplo, mientras marcaba todo el uniforme de mi hijo, (el lunes sera su primer día de clases). Me convertí en un dinosaurio se sorprendió ... nos divertimos tanto, reía a mil y yo con él.
Con mi Matías no disimulo y disfruto al máximo mi faceta infantil. A quién engañar siempre seré una niña (no te preocupes mamá). Yo no disimulo mis arranques de espontaneidad los disfruto al máximo y mi mejor dupla es mi hijo con el que más a menudo me encuentro en la misma sintonía.
"Mamá que loca eres" - Matías me dice entre risas
Y bien los niños siempre dicen la verdad.
"Sí hijo, estoy absoluta e incodicionalmente loca de amor por tí"- respondo con mi sonrisa
P.D. Haber caído verde del árbol no es tan malo. Algo madure afuera.
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