
No sé si es en el mundo o sólo en CHILE pero aquí pagan Justos por Pecadores.
Acostumbraba a dar dinero a quién me pedía. No lo consideraba limosna, era un dar de vuelta a la suerte económica que tenía, frente a la ruina del pordiosero. Así que trataba de dar hasta que me dolía. De alguna manera buscando ganarme un poquito del cielo. Hay que portarse bien en esta vida ¿no?.
Hasta que un día en el metro Santa Lucía conocí al “Tengo Hambre” sus gritos eran desgarradores no podían dejar impávido a nadie. Si no tenía monedas le daba algo que estuviera comiendo, en fin me daba pena.
Para el “Tengo Hambre” esto se trataba de un simple oficio. Tal cual como un actor de teatro, se ponía su peor vestuario y comenzaba a interpretar el papel.
En cada esquina me encontré con gente que tenía el mismo empleo. Algunas se conseguían guaguas. Otros además pituteaban de sapos, quienes alertaban a los piratas de la llegaba de los “señores” carabineros. Otros tenían enfermedades que después de las 8 pm se habían curado milagrosamente. Otros iban acompañados por familias completas, dejaban a sus viejitos y no regresaban hasta al atardecer para regodearse de las ganancias. ¡ATERRADOR!
Me sentí estafada. El engaño me convirtió en Jueza de cada Esquina. Analizo a cada vagabundo y si me convence van sus monedas y sino no topón pa´ dentro con la yapa de una mirada fea.
Es una lastima el rol que asumí.
Ojala esto no me haga perder a FE….mmm no creo.
Me muero, definitivamente me muero si dejo de creer en la gente.
Acostumbraba a dar dinero a quién me pedía. No lo consideraba limosna, era un dar de vuelta a la suerte económica que tenía, frente a la ruina del pordiosero. Así que trataba de dar hasta que me dolía. De alguna manera buscando ganarme un poquito del cielo. Hay que portarse bien en esta vida ¿no?.
Hasta que un día en el metro Santa Lucía conocí al “Tengo Hambre” sus gritos eran desgarradores no podían dejar impávido a nadie. Si no tenía monedas le daba algo que estuviera comiendo, en fin me daba pena.
Para el “Tengo Hambre” esto se trataba de un simple oficio. Tal cual como un actor de teatro, se ponía su peor vestuario y comenzaba a interpretar el papel.
En cada esquina me encontré con gente que tenía el mismo empleo. Algunas se conseguían guaguas. Otros además pituteaban de sapos, quienes alertaban a los piratas de la llegaba de los “señores” carabineros. Otros tenían enfermedades que después de las 8 pm se habían curado milagrosamente. Otros iban acompañados por familias completas, dejaban a sus viejitos y no regresaban hasta al atardecer para regodearse de las ganancias. ¡ATERRADOR!
Me sentí estafada. El engaño me convirtió en Jueza de cada Esquina. Analizo a cada vagabundo y si me convence van sus monedas y sino no topón pa´ dentro con la yapa de una mirada fea.
Es una lastima el rol que asumí.
Ojala esto no me haga perder a FE….mmm no creo.
Me muero, definitivamente me muero si dejo de creer en la gente.
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