miércoles, 18 de marzo de 2009

DÍA 223

Ya han pasado meses. Conseguí un trabajo totalmente distinto al que tenía antes de que perdiera la cordura. Ahora soy decoradora de interiores. Me asombra mi habilidad considerando que nunca estudie para esto. Mi familia está mucho más tranquila. Creen por fin en mi recuperación. Me asombré un poco de la reacción de mi madre cuando le dije que me iba de casa. Tenía una independencia económica y emocional. Estaba lista para el gran paso.

Mis días eran totalmente normales. Nada hacía presagiar que el casi cotidiano hecho de una cita con el psicólogo, podría tambalear el camino recorrido.

- Hola. Busco al doctor Sánchez. Tengo cita con él.
- El doctor acaba de llamar viene retrasado tendrá que esperarlo.

Alfredo Sánchez era mi psiquiatra. Llevábamos meses en terapia. Era una especie de guía espiritual. Con Alfredo tenía absoluta confianza. El jamás me enjuiciaría o temería de las cosas que pasaban por mi cabeza. Con él no había restricciones. Sólo era yo.

Mientras esperaba sonó mi celular, era mi padre.

- No te preocupes papá. El doctor se ha retrasado. Llámame cuando te desocupes, si coordinamos estupendo, de lo contrario nos juntamos en casa.

Los jueves era nuestro momento padre-hija. Él me esperaba y nos juntábamos luego de mi cita con el psiquiatra. Pasábamos por algún café. Hablábamos trivialidades y temas profundos. Luego partíamos a casa.

- Señorita voy a bajar a la cafetería- le dije a la nueva secretaria
- Vaya no se preocupe, yo la ubico si el doctor llega antes

Cuando voltee hacia la puerta. Quede paralizada. Comencé a marearme. Vi negro y no supe más hasta que me desperté tendida en el suelo rodeada de los brazos de mi padre.

- Te has desmayado- dijo angustiado
- Mmm no sé…creo… ¿qué haces acá?
- Se canceló la reunión y venía a amenizar la espera del doctor.
- Ah…-suspire
- Tranquila. No se levante tan rápido. Fue una suerte que el doctor Swan estuviera cerca suyo, de lo contrario se habría golpeado en la cabeza y mayor suerte que llegara su papá.
- ¿El doctor Swan..?- estaba realmente aturdida
- ¿Estás bien?- pregunto mi padre
- Si… ehhh vamos a casa. Me quiero ir…

Recordé en ese minuto que me había hecho perder la conciencia. Lo había visto nuevamente. Ahí con su cuerpo tan perfecto. Sus ojos como el cielo, su tez mate, su cabello ondulado color castaño matizado con suaves canas. Lo había visto después de meses de ausencia. No podía permitírmelo. No podía tener alucinaciones. No me podía estar volviendo loca otra vez. No podía decirle a nadie, excepto al doctor Sánchez. El pánico se apodero de mi color y mis pulsaciones. Me urgía ver a mi doctor.

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