Las dos semanas que continuaron nos reunimos prácticamente a diario. Felipe y Valeria planeaban su fiesta de compromiso, razón por la cual rechace la idea de reunirnos los fines de semana. Nuestras citas eran de 8.00 a 9.30. Rara vez se extendían. Él no quería abusar de mi disposición y yo no me permitía disfrutar de su compañía.
A pesar de que transcurrían los días, sus preguntas no cesaban. Se interesaba hasta en el más mínimo detalle. Consultaba a cerca de los medicamentos, mis emociones e incluso llegó a preguntar por mis desmayos.
- ¿Por qué crees que lo imaginaste? ¿Por soledad?- un día preguntó
- No. No me sentía sola. Me sentía rodeada de gente pero nada me satisfacía. Era como si me dedicara a marcar el paso. Hacia las cosas por costumbre, sin pensarlas. Con el hombre que imaginaba me sentía diferente. Llena … me sentía…
- ¡Viva!- terminó mi frase
- ¡Sí! ¡Viva!... a pesar de no estarlo. En mi cabeza encontré un hombre que sentía como yo, con misma pasión e intensidad. No tenía que cuidar apariencias. Era yo misma. De algún modo sentía que éramos la misma persona, teníamos…magia…no hacia falta explicarle como me sentía…
- Te entendía sin palabras- continuó
- Claro- suspire- Yo sentía que él me entendía sin hablar. Él era el único que me había visto. Me descubría en mis gestos. Yo era su centro.
- Y él era el tuyo
- Si
- ¿Te has enamorado alguna vez?
- No. Nunca. No como me gustaría. No como me enamore de un inexistente
- ¿Y te gustaría enamorarte?. Tal vez eres tú la que no está preparada. Tal vez… eres tú la que no ve el amor.
- Puede ser…pero no sé. No sé si exista alguien que me vea. No sé si alguien me verá alguna vez. No sé si yo lo miraré…
De pronto miro el reloj
- Me tengo que ir
- Si claro, voy por tu abrigo- respondí aturdida
En un arranque de intranquilidad nos paramos del sofá al mismo tiempo, lo que hizo que perdiera el equilibrio. Por no caer me aferré a su brazo. El sentirme tan cerca de él me hizo temblar. El corazón me iba a estallar. Lo hubiese besado. El fuego que sentía solo lo iba a calmar uno de sus besos. Pero no podía. Felipe estaba convirtiéndose en un amigo y además estaba de novio. No podía poner en riesgo perderlo. Él no era para mi, de eso estaba segura. Pero su amistad tendía a ser mi consuelo. Me gustaba. Me gustaba mucho, como nunca me había interesado un hombre. Pero no era justo poner mis sentimientos en bandeja, por lo que me safé rápidamente evitando así cometer la segunda peor de mis locuras. Me bastaba con haber tendido alucinaciones. No me iba a permitir acabar con la magia que había encontrado en Felipe.
Tome nuevamente aliento. Ni siquiera lo miraba. Solo rogaba que él no se hubiera dado cuenta del impacto que este simple hecho me había causado.
- Me voy Argentina el lunes
- ¡Te vas, no me habías dicho nada!
Curvo su labio escondiendo una sonrisa
- Bueno en realidad no tienes porque decirme- sonreí deseando haber evitado el comentario
- Claro que si debo decirte. Somos un equipo de investigación. Recuerda
- ¿Equipo?. Pensé que yo era la ratita del laboratorio
Rompió a reír. Me encantaba cuando reía y más cuando era yo quién lo hacia reír
- ¿Cuando vuelves?- Le pregunté escondiendo un suspiro
- Bueno, estaré dos semanas fuera
- ¡Tres semanas!
Volvió a curvar sus labios pero esta vez la sonrisa no fue oculta
- Uf parezco tu mamá. ¿Tres semanas?- pregunté bajando el tono
- Si… tengo que entregar unos informes y cerrar la oficina de Argentina. Además Valeria extraña a su familia
El nombre de su novia me arrastró a la realidad.
- Te veo cuando vuelva- continuó
- Caro, avísame. Saludos a Valeria. Que lo pasen muy bien
- Mmm. Claro. Gracias. Cuídate Marce ¿ya?. Tu sabes los mareos…
- Ehh claro- respondí restándole importancia
Junto a su beso vino un abrazo. Jamás me había abrazado. Volví a estremecerme. Su perfume golpeo cada unos de mis sentidos. Esta vez si que se venía un desmayo.
- Te voy a extrañar- me susurró
Quería gritar lo que sentía por él. No pude, no podía. No era justo.
- Que todo salga bien. Mándale mis saludos a Valeria.
Decir su nombre fue como clavarme un cuchillo. Se marcho cerrando la puerta sin voltear. Tome aire. Iba camino a mi cuarto cuando reconocí sobre el perchero la bufanda de Felipe. La fui a buscar para devolvérsela, esa realmente era mi intención.
Una vez en mis manos la tome con fuerza trayéndola a mi pecho. Sentí el golpe de su perfume como si estuviera a mi lado. Rompí a llorar como hace tiempo no lo hacia. Mi temor de no enamorarme había desaparecido. Ahí estaba llorando, porque no podía tenerle. Estaba absolutamente enamorada. Mi vida estaba marcada. Mi gran amor era un imposible de carne y hueso. Felipe era el amor de mi vida. Era la única persona en el mundo que me había inspirado.
Para él yo sólo era un caso clínico. Eso explicaba sus atenciones hacia mí. Cómo le explicaba a mi corazón que yo era sólo un trabajo. Debía aceptarlo. Lo amaba intensamente, tanto que me hacia dudar de mi cordura y buen juicio. Tanto que debía alejarme para que el fuera feliz.
El era el hombre ideal para mi, pero sin duda yo no era la mujer que el merecía.
A pesar de que transcurrían los días, sus preguntas no cesaban. Se interesaba hasta en el más mínimo detalle. Consultaba a cerca de los medicamentos, mis emociones e incluso llegó a preguntar por mis desmayos.
- ¿Por qué crees que lo imaginaste? ¿Por soledad?- un día preguntó
- No. No me sentía sola. Me sentía rodeada de gente pero nada me satisfacía. Era como si me dedicara a marcar el paso. Hacia las cosas por costumbre, sin pensarlas. Con el hombre que imaginaba me sentía diferente. Llena … me sentía…
- ¡Viva!- terminó mi frase
- ¡Sí! ¡Viva!... a pesar de no estarlo. En mi cabeza encontré un hombre que sentía como yo, con misma pasión e intensidad. No tenía que cuidar apariencias. Era yo misma. De algún modo sentía que éramos la misma persona, teníamos…magia…no hacia falta explicarle como me sentía…
- Te entendía sin palabras- continuó
- Claro- suspire- Yo sentía que él me entendía sin hablar. Él era el único que me había visto. Me descubría en mis gestos. Yo era su centro.
- Y él era el tuyo
- Si
- ¿Te has enamorado alguna vez?
- No. Nunca. No como me gustaría. No como me enamore de un inexistente
- ¿Y te gustaría enamorarte?. Tal vez eres tú la que no está preparada. Tal vez… eres tú la que no ve el amor.
- Puede ser…pero no sé. No sé si exista alguien que me vea. No sé si alguien me verá alguna vez. No sé si yo lo miraré…
De pronto miro el reloj
- Me tengo que ir
- Si claro, voy por tu abrigo- respondí aturdida
En un arranque de intranquilidad nos paramos del sofá al mismo tiempo, lo que hizo que perdiera el equilibrio. Por no caer me aferré a su brazo. El sentirme tan cerca de él me hizo temblar. El corazón me iba a estallar. Lo hubiese besado. El fuego que sentía solo lo iba a calmar uno de sus besos. Pero no podía. Felipe estaba convirtiéndose en un amigo y además estaba de novio. No podía poner en riesgo perderlo. Él no era para mi, de eso estaba segura. Pero su amistad tendía a ser mi consuelo. Me gustaba. Me gustaba mucho, como nunca me había interesado un hombre. Pero no era justo poner mis sentimientos en bandeja, por lo que me safé rápidamente evitando así cometer la segunda peor de mis locuras. Me bastaba con haber tendido alucinaciones. No me iba a permitir acabar con la magia que había encontrado en Felipe.
Tome nuevamente aliento. Ni siquiera lo miraba. Solo rogaba que él no se hubiera dado cuenta del impacto que este simple hecho me había causado.
- Me voy Argentina el lunes
- ¡Te vas, no me habías dicho nada!
Curvo su labio escondiendo una sonrisa
- Bueno en realidad no tienes porque decirme- sonreí deseando haber evitado el comentario
- Claro que si debo decirte. Somos un equipo de investigación. Recuerda
- ¿Equipo?. Pensé que yo era la ratita del laboratorio
Rompió a reír. Me encantaba cuando reía y más cuando era yo quién lo hacia reír
- ¿Cuando vuelves?- Le pregunté escondiendo un suspiro
- Bueno, estaré dos semanas fuera
- ¡Tres semanas!
Volvió a curvar sus labios pero esta vez la sonrisa no fue oculta
- Uf parezco tu mamá. ¿Tres semanas?- pregunté bajando el tono
- Si… tengo que entregar unos informes y cerrar la oficina de Argentina. Además Valeria extraña a su familia
El nombre de su novia me arrastró a la realidad.
- Te veo cuando vuelva- continuó
- Caro, avísame. Saludos a Valeria. Que lo pasen muy bien
- Mmm. Claro. Gracias. Cuídate Marce ¿ya?. Tu sabes los mareos…
- Ehh claro- respondí restándole importancia
Junto a su beso vino un abrazo. Jamás me había abrazado. Volví a estremecerme. Su perfume golpeo cada unos de mis sentidos. Esta vez si que se venía un desmayo.
- Te voy a extrañar- me susurró
Quería gritar lo que sentía por él. No pude, no podía. No era justo.
- Que todo salga bien. Mándale mis saludos a Valeria.
Decir su nombre fue como clavarme un cuchillo. Se marcho cerrando la puerta sin voltear. Tome aire. Iba camino a mi cuarto cuando reconocí sobre el perchero la bufanda de Felipe. La fui a buscar para devolvérsela, esa realmente era mi intención.
Una vez en mis manos la tome con fuerza trayéndola a mi pecho. Sentí el golpe de su perfume como si estuviera a mi lado. Rompí a llorar como hace tiempo no lo hacia. Mi temor de no enamorarme había desaparecido. Ahí estaba llorando, porque no podía tenerle. Estaba absolutamente enamorada. Mi vida estaba marcada. Mi gran amor era un imposible de carne y hueso. Felipe era el amor de mi vida. Era la única persona en el mundo que me había inspirado.
Para él yo sólo era un caso clínico. Eso explicaba sus atenciones hacia mí. Cómo le explicaba a mi corazón que yo era sólo un trabajo. Debía aceptarlo. Lo amaba intensamente, tanto que me hacia dudar de mi cordura y buen juicio. Tanto que debía alejarme para que el fuera feliz.
El era el hombre ideal para mi, pero sin duda yo no era la mujer que el merecía.


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