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domingo, 29 de marzo de 2009

Día 593, 594…. Dos semanas completas

Las dos semanas que continuaron nos reunimos prácticamente a diario. Felipe y Valeria planeaban su fiesta de compromiso, razón por la cual rechace la idea de reunirnos los fines de semana. Nuestras citas eran de 8.00 a 9.30. Rara vez se extendían. Él no quería abusar de mi disposición y yo no me permitía disfrutar de su compañía.

A pesar de que transcurrían los días, sus preguntas no cesaban. Se interesaba hasta en el más mínimo detalle. Consultaba a cerca de los medicamentos, mis emociones e incluso llegó a preguntar por mis desmayos.

- ¿Por qué crees que lo imaginaste? ¿Por soledad?- un día preguntó
- No. No me sentía sola. Me sentía rodeada de gente pero nada me satisfacía. Era como si me dedicara a marcar el paso. Hacia las cosas por costumbre, sin pensarlas. Con el hombre que imaginaba me sentía diferente. Llena … me sentía…
- ¡Viva!- terminó mi frase
- ¡Sí! ¡Viva!... a pesar de no estarlo. En mi cabeza encontré un hombre que sentía como yo, con misma pasión e intensidad. No tenía que cuidar apariencias. Era yo misma. De algún modo sentía que éramos la misma persona, teníamos…magia…no hacia falta explicarle como me sentía…
- Te entendía sin palabras- continuó
- Claro- suspire- Yo sentía que él me entendía sin hablar. Él era el único que me había visto. Me descubría en mis gestos. Yo era su centro.
- Y él era el tuyo
- Si
- ¿Te has enamorado alguna vez?
- No. Nunca. No como me gustaría. No como me enamore de un inexistente
- ¿Y te gustaría enamorarte?. Tal vez eres tú la que no está preparada. Tal vez… eres tú la que no ve el amor.
- Puede ser…pero no sé. No sé si exista alguien que me vea. No sé si alguien me verá alguna vez. No sé si yo lo miraré…

De pronto miro el reloj
- Me tengo que ir
- Si claro, voy por tu abrigo- respondí aturdida
En un arranque de intranquilidad nos paramos del sofá al mismo tiempo, lo que hizo que perdiera el equilibrio. Por no caer me aferré a su brazo. El sentirme tan cerca de él me hizo temblar. El corazón me iba a estallar. Lo hubiese besado. El fuego que sentía solo lo iba a calmar uno de sus besos. Pero no podía. Felipe estaba convirtiéndose en un amigo y además estaba de novio. No podía poner en riesgo perderlo. Él no era para mi, de eso estaba segura. Pero su amistad tendía a ser mi consuelo. Me gustaba. Me gustaba mucho, como nunca me había interesado un hombre. Pero no era justo poner mis sentimientos en bandeja, por lo que me safé rápidamente evitando así cometer la segunda peor de mis locuras. Me bastaba con haber tendido alucinaciones. No me iba a permitir acabar con la magia que había encontrado en Felipe.

Tome nuevamente aliento. Ni siquiera lo miraba. Solo rogaba que él no se hubiera dado cuenta del impacto que este simple hecho me había causado.

- Me voy Argentina el lunes
- ¡Te vas, no me habías dicho nada!

Curvo su labio escondiendo una sonrisa

- Bueno en realidad no tienes porque decirme- sonreí deseando haber evitado el comentario
- Claro que si debo decirte. Somos un equipo de investigación. Recuerda
- ¿Equipo?. Pensé que yo era la ratita del laboratorio

Rompió a reír. Me encantaba cuando reía y más cuando era yo quién lo hacia reír

- ¿Cuando vuelves?- Le pregunté escondiendo un suspiro
- Bueno, estaré dos semanas fuera
- ¡Tres semanas!

Volvió a curvar sus labios pero esta vez la sonrisa no fue oculta

- Uf parezco tu mamá. ¿Tres semanas?- pregunté bajando el tono
- Si… tengo que entregar unos informes y cerrar la oficina de Argentina. Además Valeria extraña a su familia

El nombre de su novia me arrastró a la realidad.

- Te veo cuando vuelva- continuó
- Caro, avísame. Saludos a Valeria. Que lo pasen muy bien
- Mmm. Claro. Gracias. Cuídate Marce ¿ya?. Tu sabes los mareos…
- Ehh claro- respondí restándole importancia

Junto a su beso vino un abrazo. Jamás me había abrazado. Volví a estremecerme. Su perfume golpeo cada unos de mis sentidos. Esta vez si que se venía un desmayo.

- Te voy a extrañar- me susurró

Quería gritar lo que sentía por él. No pude, no podía. No era justo.

- Que todo salga bien. Mándale mis saludos a Valeria.

Decir su nombre fue como clavarme un cuchillo. Se marcho cerrando la puerta sin voltear. Tome aire. Iba camino a mi cuarto cuando reconocí sobre el perchero la bufanda de Felipe. La fui a buscar para devolvérsela, esa realmente era mi intención.

Una vez en mis manos la tome con fuerza trayéndola a mi pecho. Sentí el golpe de su perfume como si estuviera a mi lado. Rompí a llorar como hace tiempo no lo hacia. Mi temor de no enamorarme había desaparecido. Ahí estaba llorando, porque no podía tenerle. Estaba absolutamente enamorada. Mi vida estaba marcada. Mi gran amor era un imposible de carne y hueso. Felipe era el amor de mi vida. Era la única persona en el mundo que me había inspirado.

Para él yo sólo era un caso clínico. Eso explicaba sus atenciones hacia mí. Cómo le explicaba a mi corazón que yo era sólo un trabajo. Debía aceptarlo. Lo amaba intensamente, tanto que me hacia dudar de mi cordura y buen juicio. Tanto que debía alejarme para que el fuera feliz.

El era el hombre ideal para mi, pero sin duda yo no era la mujer que el merecía.


domingo, 22 de marzo de 2009

DÍA 592

Cómo era habitual los días sábados no hacia mucho. Desperté de no muy buena gana producto de mis pesadillas, pero mientras alumbraba el sol mi habitación los sentimientos de enojo iban desapareciendo. Reconocí que mis celos no eran por Felipe sino por la bonita pareja que formaban. Tuve celos de su relación y su futuro matrimonio.

Hace dos meses que salía con Francisco. Él era muy buen amigo. Nos entreteníamos mucho. Él sería el hombre perfecto para cualquier mujer, sin embargo para mí no. ¿Qué rayos pasaba conmigo? ¿Acaso no me iba a enamorar nunca?. Tenía miedo de eso. Se acrecentaba al recordar que la única vez que me había enamorado era de un imaginario. Al reconocer mis sentimientos, me di cuenta de que no podía ser egoísta debía romper con Francisco. No era justo para él. Pues yo nunca lo iba a amar como se merecía.

Decidí entonces reunirme con Francisco. Tenía que llamarlo y mientras me dirigía en busca del celular este comenzó a sonar.

- ¿Hola?- respondí
- Hola ¿Marcela?
- Si soy Marcela, ¿con quién?
- Eh… habla Felipe Swan

Me quedé muda. Mi cuerpo comenzó a temblar. Acaso era un sueño. Aún no me despertaba.

- Marcela ¿estás ahí?
- Si Felipe. Sólo me sorprendió tu llamada.
- Disculpa ser tan atrevido. Necesitaba hablar contigo. Anoche le pedí tu celular a Alfredo.

Alfredo… siempre Alfredo poniéndote en mi camino pensé mientras soltaba un suspiro.

- ¿Estás molesta?
- No, no… para nada. Dime ¿en qué te puedo ayudar?
- Eh… es un poco complicado hablarlo por teléfono. ¿Te animas a tomar un café conmigo?
- A ver… me estas preocupando- reí- Claro que voy dime donde.
- Te paso a buscar ¿te parece?
- No es necesario. Dime ¿dónde?
- Insito te paso a buscar. En media hora en estoy en tu casa
- Está bien
- Nos vemos

Cuando solté el celular mi cuerpo temblaba. La verdad es que me sentía una adolescente, razón por la que me tuve que contener.

Marcela esto no es una cita. Marcela él se va a casar. Marcela no lo conoces. Marcela ¿por qué reaccionas así?- me repetía una y mil veces

No me contesté la última pregunta y corrí a mi closet en busca de algo apropiado. En realidad de algo que me hiciera ver guapa.

Cuando sonó el timbre sentí mi corazón reventar. Saque enterezas no se donde y comencé a disimular ni nerviosismo.

- ¡Que puntual! ¿eres inglés?- dije al verlo radiante con un abrigo negro que le daba tanta elegancia.
- Algo de raíces tengo- sonrío- ¿estás lista?
- Si, déjame coger mi abrigo

Subimos a su auto. El cual estaba impregnado de su perfume. Tenia que disimular, tenía que disimular mi interés.

- Y cuéntame ¿de qué se trata esto?- le pregunté
- Hablemos de la vida en el trayecto y llegando al café te suelto la bomba
- ¿Quieres que sea madrina de tu boda?- intente bromear con un tema que no
era gracioso para mí. En realidad buscaba no quedar en evidencia.

- Eso, no te lo pediría- soltó en risas- Es algo que tiene que ver con trabajo.

Fue inevitable sentir desilusión. No quería ser madrina de su boda, eso jamás, pero que me buscara por trabajo tampoco era agradable.

Llegamos a un café que en lugar de mesas estaba rodeado de sillones. Era mi lugar preferido. Distaba de ser impersonal. Por eso le quería tanto.

- ¿Te gusta este café?- pregunto al entrar- es mi preferido es tan acogedor aquí se puede hablar sin problemas
- Claro que me gusta- respondí

Nos sentamos y enseguida se acerco la mesera.

- Hola, buenas ¿que se sirve?- pregunto mirando a Felipe
- Un Express
- Y usted, un cortado ¿no?
- Si, gracias- sonreí
- ¿No es la primera vez que vienes acá, verdad?- preguntó Felipe
- Es mi lugar favorito también- quise ocultar mi sonrisa
- Mmm-sonrío
- Bueno ahora dime ¿por qué me has llamado?
- Difícil… pero ya te dije que me fui a Argentina por un año y que me llamaron a Chile por un proyecto. El tema es que la investigación es acerca de las alucinaciones

Ahí va pensé, me sigue viendo como una loca. Mire hacia el suelo sin darme cuenta.

- ¿Qué pasa?- preguntó
- Nada, nada continua
- Ehhh… ¿Quiero que me ayudes?- soltó un suspiro
- ¿Ayudarte?- lo mire asombrada. En que podría ayudarlo una loca rehabilitada
- Quiero que me cuentes tu historia. Bueno yo ya la se desde el punto de vista
clínico pero no de el de la paciente. Tu caso me parece fascinante. Alucinar por amor y recuperarte prácticamente por decisión tuya… hay gente que toma eternamente medicamentos y no deja de alucinar. En cambio tú… lo dejaste de hacer, eso tiene que venir de una fuerza interior…no se.

Al ver su cara de intriga y éxtasis por el tema no dude es responder

- Esta bien te ayudo. Si quieres preguntarme lo que sea, te lo contesto
- ¡Gracias! no sabes lo que esto significa para mi
- No agradezcas todavía, ni siquiera sabes si mi historia te va a ser útil. ¿Quieres empezar de inmediato?. Vamos dispara tu primera pregunta
- Mmm es que no vine preparado me dejé mis apuntes en casa

Abrí mi bolso saque un diario sin usar. Siempre llevaba uno a veces las ganas de escribir me venían en cualquier momento. Tomé un lápiz y se lo entregué.

- ¿Te sirve esto?
- ¿Siempre eres así de preparada?- sonrió impresionado
- Es un diario siempre llevo uno en mi cartera. Estás de suerte que aún no haya escrito nada. A veces continúo siendo una adolescente
- Eres increíblemente extraña- río fuertemente.
- Loca ¿querrás decir?
- No, no quiero decir loca. Quise decir simplemente que eres diferente

No pude evitar sonrojarme

- Vamos ¿qué quieres saber?- pregunte mirando al suelo para no dejarme en evidencia
- A ver… cuéntame ¿cuándo te diste cuenta de que era una ilusión?
- Esa es fácil. Cuando le pedí nuestro primer beso y él no me lo dio…

Esa tarde me hizo miles de preguntas todas relacionadas a lo que representaba mi imaginario, su aspecto físico, su aspecto psicológico y la más complicada de las preguntas que había sido lo que me había causado la dependencia con es imaginario

El tema me dejó absolutamente agotada. Fueron preguntas que nunca había analizado ni siquiera con Alfredo.

- Te ves cansada, ¿continuamos mañana?
- ¿Mañana?
- Bueno ¿puedes atenderme?- Dijo desilusionado
- Aún puedo continuar…o ¿tienes que irte?
- En realidad no. Pero te ves agotada
- No te preocupes. Sigamos. Sólo es falta aire
- Salgamos a caminar entonces- sonrío
- Esta bien, además ya nos miran feo. Hace horas que estamos con el mismo café-
Rompimos a reír

Caminamos demasiado. Terminamos en la puerta de mi casa y eso estaba bien lejos del café.

- Ni siquiera me di cuenta por donde caminábamos- dije sonriendo
- Yo tampoco-curvo su labio haciendo una de esas sonrisas de chico malo, que le salían muy atractivas
- Sería mejor buscar las llaves de mi auto y te llevo al café ¿te parece?
- Claro ya esta oscuro y Valeria….
- Te espera- terminé su frase
- Si, me espera para cenar
- Dame un segundo vuelvo enseguida

Toda la magia del día se me había venido como una avalancha. Tan sólo por escuchar un nombre, Valeria.

sábado, 21 de marzo de 2009

DÍA 591

- Esta noche es la despedida del doctor Sánchez? –preguntaba mi madre mientras yo terminaba de arreglarme
- Si mamá es hoy

Alfredo se iba del país. Se mudaba a Argentina. Iba a dejar de ser mi siquiatra definitivamente. Yo estaba muy contenta por él, oportunidades como esa no aparecía en cada esquina. A pesar de que lo intentaba no podía negar mis sentimientos de tristeza sabía que no lo volvería a ver.

- Adiós mamá, cuando te vayas deja cerrado el domingo voy a almorzar a tu casa.

Iba a cumplir 10 meses con total independencia. Me sentía en absoluta tranquilidad.

Era primera vez que iba a casa de Alfredo y también era la primera vez que vería a su familia. Cuando me invitó Ivonne, su esposa, me sentí alegremente sorprendida. Alfredo me guardaba mucho cariño. A pesar de sentirme bienvenida en su casa, me sentía algo nerviosa supuse que se debía a que no conocía a mucha gente.

La familia como los amigos de Alfredo eran muy agradables, por lo que mis aprensiones fueron desapareciendo poco a poco. En una búsqueda de tranquilidad me dirigí en busca de un trago.

- ¿Marcela?- me dijo una voz por sobre mi hombro
Al voltear me dí cuenta que era Felipe Swan. No lo veía hace un año. No lo veía desde el episodio de la cafetería.

- ¿Felipe?...- respondí asombrada
- ¿Cómo estás? ¿tanto tiempo? Te ves genial- brotaban sus palabras mientras me besaba fuerte en la mejilla.
- Bien gracias. Bastante tiempo…
- Si del día de la cafetería
- No me digas que lo recuerdas. Por favor olvidate de ese día fui una rota. ¿Dónde has estado?
- Me fui a vivir a Argentina
- ¿Argentina? No lo sabía. ¿Y ahora andas de paso?
- Bueno no precisamente aún no me instalo pero regreso a Chile
- De verdad. Espero que estés contento por regresar
- Estoy feliz de volver. A pesar de adorar Argentina. Quien sabe tal vez termine mis día allá. Hice un montón de amigos. ¿Y tu como vas? ¿Tus desmayos?¿Todo bien?- soltó un risa
- Nunca vas olvidar mis desmayos ¿eh?. Yo estoy bien, bueno aquí despidiendo a mi psiquiatra. Y cuentame ¿qué hacias en Argentina?
- Investigación lo que mas me gusta…ahora mismo debe retomar un proyecto…
- ¡Hola! ¿interrumpo?

Quién interrumpía era una mujer de elegancia única. Ella era perfecta tanto como lo era Felipe. Su cabellera color miel caía bajo los hombros su silueta no distaba al de una modelo y su acento argentino no me hizo ni siquiera dudar que venía con Felipe.

- No cariño no interrumpes. Te presento a Marcela una amiga…

Una amiga pensé debería haberme sentido alagada ya que distaba bastante de ello. Aun así no me agrado que me llamara amiga.

- Hola- respondí cortésmente
- Hola querida ¿cómo estás?. Soy Valeria Novia de Felipe

Novia…novia…pensé

- Oh se van a casar felicitaciones… trate de disimular mis celos que no se de donde salieron

En ese momento Alfredo se dirigió a los invitados para hacer un brindis. El era sin duda mi salvador. Agradecí de mis profundidades que Alfredo obtuviera el protagonismo. Lo cual rompió con la incomodidad al menos que yo sentía frente a la pareja de enamorados.

Durante el resto de la noche no volví a toparme con ellos. Lo cual no mejoro mi humor. Me sentía incomoda por lo que aproveche el primer minuto para escaparme de la velada.

Camino a casa me sentía molesta.

Yo celos- me dije
- Si ni siquiera lo conozco, yo celos jajaja

Pude ver la situación con humor. Durante la noche todo se convirtió en una pesadilla. Termine odiando a la Argentina la mañana siguiente.

(continuará...)

viernes, 20 de marzo de 2009

DÍA 226

- Hola. Tengo cita con la doctora Leiva.
- La doctora Leiva tuvo una emergencia canceló todas sus visitas.
- ¿Cómo?- estaba irritada
- ¿Viene por un medicamento? tal vez se lo pueda recetar el doctor Swan
- ¿Swan? a no gracias- voltee tan rápido como pude. Saber que él se encontraba en el mismo lugar me daba escalofrío
- Señorita ¿reprogramo su hora?
- No te preocupes llamo luego

Estaba dispuesta a salir cuando lo vi de nuevo

- Beatriz me voy a la cafetería ya no tengo más pacientes hoy. ¿Marcela?- me llamó sorprendido.
- Ehhh si soy yo-respondí
- Hola, ¿Cómo está?
- Mmm bien..gracias
- Estaba preocupado. La última vez que la vi juraría que venía otro desmayo.
- ¿Desmayo? No… -trate de sonar natural a pesar de que mi cuerpo me delataba, no tenía color, mis manos me sudaban y comenzaba a marearme nuevamente.
- ¿Se siente bien?
- Si claro. Disculpe pero me tengo que ir
No se si fue que voltee muy rápido pero perdí estabilidad. El doctor Swan otra vez me salvo de una caída
- Usted no está bien. Venga a la cafetería conmigo. Un café le caerá bien podría jurar que sufre de presión baja. Beatriz cuando llegue Juan dile que me lleve los papeles a la cafetería

Bajamos por el ascensor. Intente soltarme pero no me dejo. Me apretaba del brazo. Tenía miedo que cayera al suelo.

- Dos cafés por favor

Me ayudo a sentarme. Guardamos un minuto silencio. Aunque yo lo hubiese dilatado a horas.

- ¿Se siente mejor?- pregunto nervioso
- Si, gracias
- ¿Le ocurre esto a menudo?. Yo no recuerdo haber leído de desmayos en su historia clínica.- preguntaba confundido.

¿Cómo le explicaba que era él quién los producía?

- Ehh no en realidad han sido sólo dos veces…
- ¿Quiere algo de comer?
- No Doctor Swan, gracias ya ha hecho demasiado
- Felipe
- ¿Qué?
- Mi nombre es Felipe, no soy su doctor así que llámeme por mi nombre de pila
- Felipe- traté de sonreír quise disimular mi histeria. Así que tratando de sonar amable agregué- Bueno si te llamo Felipe tendrás que dejar de tratarme de usted, casi tenemos la misma edad.
- Bueno no tengo problemas con eso- sonrió satisfecho- así que ¿vez a la doctora Leiva? Pregunto
- Ehh si- me sentí culpable. Se suponía que mis citas serían con el. No me había enterado como Alfredo le había explicado que yo no quería verlo ni en pintura
- No te preocupes. No me molesto que no fuera yo tu doctor- curvando su labio ocultaba una risa- tranquila
- ¿A qué te dedicas?
- Soy diseñadora de interiores
- Mmm…¿te cambiaste ya a tu departamento?

Mire sorprendida ¿cómo rayos sabía que me iba a cambiar de departamento?
- Disculpa que sea impertinente. Eso fue lo último que me contó de ti el doctor Sánchez.
- Ehh …

No tuve tiempo de responder

- Si me disculpan, doctor le traigo sus documentos- interrumpió Juan cargando una montaña de papeles
- Gracias Juan

No sé si fue la brisa o el nerviosismo de mi parte que hizo tambalear a Juan dejando tapizado el suelo con lo que traía en las manos.

- Mil disculpas doctor. Lo siento.
- No te preocupes Juan- contestaba mientras lo ayudaba a recoger los papeles

No alcance a pararme cuando mi vista se fijo en uno de esos papeles. Era una carta se notaba que tenía años. Estaba muy arrugada y gastada. La doblaban una vez más y se rompía en mil pedazos. La mire con más detención y reconocí la letra. Era mi letra. Era la carta de despedida que le había hecho a mi imaginario como parte de una de las sesiones con Alfredo. Lentamente estire mi mano y la tomé. En ese instante cruce mi vista con Felipe

- ¿Por qué tienes esto?- pregunte
- Ehhh yo la leí para conocer tu historia, antes de que decidieras ir con la doctora Leiva
- ¿La leíste?- estaba horrorizada me sentía al desnuda
- Si la tuve que leer
- ¿Cuántas veces?
- No recuerdo. Bastante supongo- estaba tenso
- Han pasado dos semanas ¿por qué no se la pasaste a la doctora?
- Lo iba a hacer…
- Me tengo que ir
- ¿Estás molesta?, ¿por qué te vas?
- Tengo que volver al trabajo, gracias por el café. Me llevo mi carta
- No quise incomodarte. Simplemente la leí. Debí habérsela entregado a la doctora Leiva…mmm no lo hice. Lo siento
- Gracias Felipe me voy
- Marcela….

Estaba confundida. Aún más confundida. ¿Por qué tenía que aparecer otra vez?, ¿por qué había leído tanto mi carta? ¿por qué se parecía tanto a mi imaginario?

jueves, 19 de marzo de 2009

DÍA 224

Mi despertar fue horrible. Toda la noche soñé con mi alucinación. Él me besaba, él me tocaba, él decía que me amaba. Era un sueño, pero para mí una cruel pesadilla.

Apenas desayune y camino a mi auto llame al doctor. Nunca lo llamaba, así que sin problemas accedió a recibirme. Llegué en minutos a su consulta. Él estaba esperándome.

- Hola doctor- apenas salía mi voz
- ¿Qué le ha pasado?
- Doctor…- rompí a llorar

Tiernamente Alfredo se acercó y me abrazo

- Tranquila, ¿Dígame que sucedió? No puede ser tan malo…
- ¿Qué no es tan malo?. ¡Es lo peor que me pudo suceder, alucino otra vez!. ¡Lo he visto!.
- Tranquila. Siéntese llamaré a mi secretaria para que le traiga un vaso de agua. Tranquilícese - me repetía mientras apoyando su mano en mi hombro me invitaba a sentarme.

De algún modo nunca perdía la esperanza en él por lo cual accedí y me esforcé por tranquilizarme.

- Es normal que existan recaídas, esto ya lo habíamos conversado. Lo que debes tener claro es que esta vez lo aceptas como alucinación y no como alguien real. Hay que analizar ahora el ¿por qué apareció?. La alucinación no es más que una válvula de escape.

De cierto modo me convencieron sus palabras. Sin embargo al verle su cara de preocupación me hecho por tierra todas las esperanzas.

- Si está tan seguro de lo que me dice ¿por qué tiene esa cara?. Me estoy volviendo loca otra vez ¿verdad?. Yo no tengo remedio es ¿eso?- mi angustia era evidente.
- No Marcela. Lo que te he dicho lo creo absolutamente. Lo que me preocupa es no estar cerca estos días.
- ¿Cómo? ¿se va algún lado?
- Bueno, ayer se lo iba a decir. Me voy a un Congreso, en Barcelona.
- ¿Barcelona? ¿Cuánto tiempo?
- Tres semanas
- ¡¡Tres semanas!!- exclamé
- Tranquila no le va a ocurrir nada. No quería dejarla sola. Por eso me comunique con el doctor Swan. Él está al tanto de su historia. Si está de acuerdo, puede continuar las sesiones con él. sólo serán tres semanas.
- ¿Doctor Swan? No puedo. No puedo contarle a un extraño lo que me ha sucedido, partir de cero. No puedo.
- Marcela sea razonable dada la situación que atraviesa debe contar con el apoyo profesional.
- Es que…
- Por favor. No debería decirle esto, pero usted es como una hija para mí no estaría tranquilo al dejarla sola. El doctor Swan es muy profesional se ha interesado mucho en su historia clínica. Me gustaría que lo conociera.
- Esta bien- suspire largamente.

No tenía opciones. No podía quedarme sola en estas circunstancias.

- Beatriz ubíqueme al doctor Swan y dígale que venga a mi consulta- dijo el doctor por su altoparlante
- ¿Doctor?- dijo la secretaria luego de golpear la puerta
- Adelante
- El doctor Swan está afuera
- Muchas gracias Beatriz, hagalo pasar

Yo no deseaba mirar a la puerta. No me hacía la idea de estar sin Alfredo. No me hacía la idea de contarle todos mis secretos a un desconocido.

- Marcela te presento al doctor Swan

Nuevamente quede paralizada. Sentí que el corazón había dejado de latir. Mis manos sudaban. Volví a marearme esta vez me recibió el sillón. No podía creer lo que me estaba sucediendo. Era tan perfecto. Era tan real.

- ¿Marcela?- pregunto Alfredo intrigado por mi reacción
- Hola soy el doctor Swan- estiro su mano
- Hola- no fui capaz de tocarlo
- Necesito hablar con usted en privado - le suplique a Alfredo
- Doctor Swan. Ella es Marcela la paciente de la que hablamos. Le he contado de mi situación y ella no tiene problemas en verlo. Los días martes y jueves en las mismas horas que tomaba conmigo. Ahora no le quitamos más tiempo yo luego paso por su oficina.
- Claro… hasta luego Marcela

No fui capaz de mirarlo. Mi cuerpo estaba agarrotado. Me faltaba el aire. Quería correr lo más lejos que pudiera mis piernas no me lo permitían.

- ¿Qué le pasa Marcela?
- Es él… respondí con un hilo de voz
- No entiendo Swan…¿qué pasa con Swan?
- Doctor es él…es mi alucinación. Aunque ahora lo vi más claro no es precisamente el hombre de mi cabeza…pero se parece mucho…es él…
- Eso quiere decir que no fue una alucinación lo de ayer.
- ¿Cómo?
- Cuando te desmayaste él te sostuvo.
- ¿Qué?
- No alucinaste Marcela. Viste al doctor Swan

Mi cabeza no paraba de dar vueltas. Estaba feliz al saber que no había alucinado. Pero mi felicidad se opacaba al saber que existía un hombre tan parecido a mi alucinación. Verlo era recordar que me había trastornado. Verlo era recordar mi peor momento.

- No quiero tener sesiones con él. No quiero verle más su rostro. Deríveme con otro, cualquiera, no importa pero con ese doctor no- suplicaba mientras tomaba sus manos
- Descuida. La verdad es que no me lo creo. Que pase esto. No me lo creo.
- Esto debe ser un castigo
- No. No hable así.

Cuando me despedí de Alfredo sentí que me despedía de mi confidente. Tenía miedo de lo que estaba sucediendo y de no tenerle cerca.

miércoles, 18 de marzo de 2009

DÍA 223

Ya han pasado meses. Conseguí un trabajo totalmente distinto al que tenía antes de que perdiera la cordura. Ahora soy decoradora de interiores. Me asombra mi habilidad considerando que nunca estudie para esto. Mi familia está mucho más tranquila. Creen por fin en mi recuperación. Me asombré un poco de la reacción de mi madre cuando le dije que me iba de casa. Tenía una independencia económica y emocional. Estaba lista para el gran paso.

Mis días eran totalmente normales. Nada hacía presagiar que el casi cotidiano hecho de una cita con el psicólogo, podría tambalear el camino recorrido.

- Hola. Busco al doctor Sánchez. Tengo cita con él.
- El doctor acaba de llamar viene retrasado tendrá que esperarlo.

Alfredo Sánchez era mi psiquiatra. Llevábamos meses en terapia. Era una especie de guía espiritual. Con Alfredo tenía absoluta confianza. El jamás me enjuiciaría o temería de las cosas que pasaban por mi cabeza. Con él no había restricciones. Sólo era yo.

Mientras esperaba sonó mi celular, era mi padre.

- No te preocupes papá. El doctor se ha retrasado. Llámame cuando te desocupes, si coordinamos estupendo, de lo contrario nos juntamos en casa.

Los jueves era nuestro momento padre-hija. Él me esperaba y nos juntábamos luego de mi cita con el psiquiatra. Pasábamos por algún café. Hablábamos trivialidades y temas profundos. Luego partíamos a casa.

- Señorita voy a bajar a la cafetería- le dije a la nueva secretaria
- Vaya no se preocupe, yo la ubico si el doctor llega antes

Cuando voltee hacia la puerta. Quede paralizada. Comencé a marearme. Vi negro y no supe más hasta que me desperté tendida en el suelo rodeada de los brazos de mi padre.

- Te has desmayado- dijo angustiado
- Mmm no sé…creo… ¿qué haces acá?
- Se canceló la reunión y venía a amenizar la espera del doctor.
- Ah…-suspire
- Tranquila. No se levante tan rápido. Fue una suerte que el doctor Swan estuviera cerca suyo, de lo contrario se habría golpeado en la cabeza y mayor suerte que llegara su papá.
- ¿El doctor Swan..?- estaba realmente aturdida
- ¿Estás bien?- pregunto mi padre
- Si… ehhh vamos a casa. Me quiero ir…

Recordé en ese minuto que me había hecho perder la conciencia. Lo había visto nuevamente. Ahí con su cuerpo tan perfecto. Sus ojos como el cielo, su tez mate, su cabello ondulado color castaño matizado con suaves canas. Lo había visto después de meses de ausencia. No podía permitírmelo. No podía tener alucinaciones. No me podía estar volviendo loca otra vez. No podía decirle a nadie, excepto al doctor Sánchez. El pánico se apodero de mi color y mis pulsaciones. Me urgía ver a mi doctor.

martes, 17 de marzo de 2009

DÍA 87

Es mi primera salida. Me siento casi como una adicta. Miles de recomendaciones, que la pastilla, que cualquier cambio en mi ánimo y siempre que lo necesite que llamé a mi doctor, que lleve un libro con mis anotaciones. Desde hace un par de días he comenzado a escribir lo que siento con ciertas cosas, ha resultado útil en mis sesiones.

Debo reconocer que en el aire se respira el nerviosismo. No sólo de mi parte. Mi familia también esta tensa. Uf…hoy volveré a mi casa al menos por el fin de semana. Estaré en mi habitación. Debo reconocer que también tengo miedo. Con el tiempo he aceptado que él nunca existió, aún así tengo miedo…

Noche del día 83

He tomado mi libro de anotaciones. Algo tenía que escribir de ese día. Se supone que iba a marcar un hito. El reencontrarme con parte de mi realidad.

Pero no tengo ganas. Me lo he tomado con calma. Sólo quiero disfrutar de mi habitación a oscuras. La ventana está abierta y la brisa acaricia mis piernas. Tengo muchas nostalgias. Mi familia estaba feliz. De alguna manera también lo fui ese día. Me reí como hace mil años no lo hacía, aunque a ratos sentía que traicionaba con mis risas a una parte de mí.

Cuando caí en mi cama pensé en dos cosas:

Que este sí era un colchón…no esas esponjas duras de la Clínica y que esta era la primera noche en calma. La primera de muchas otras que vendrían. Con eso reconocí que albergaba algo de esperanza.

DÍA 70

Hay una parte de mi que no se resigna a que no seas real.

Hay una parte de mí que no entiende cómo llegué a tener alucinaciones.

Siento frustración y vergüenza por lo que he vivido y continúo viviendo.

Eras tan real…

Los doctores dicen que los medicamentos me ayudaron a parar con esta fantasía. Pero ellos no saben que fuiste tú quién me despertó, al no querer darme nuestro primer beso. En ese momento estaba confundida. Después de ese día no te escuché más. Dormí muchos días, al menos eso me contaron. Sufría pesadillas. Despertaba llorando y gritando. Para mí no había consuelo. Poco a poco me di cuenta de que estaba internada. Comencé a reconocer a la gente que me rodeaba. No eran nuevos rostros que descubría con cada minuto. Sus caras se iban repitiendo. Eran visitas habituales. Ya no eran desconocidos.

Mi familia comenzó a visitarme. Al menos ahora yo sí los veía. El rostro de mi madre se convirtió en mi constante, mi cable a tierra. Pasaron días para que pudiera olvidar la primera vez que la vi después de tanto tiempo. Su rostro estaba desfigurado por el dolor. Me abrazo como si hubiera resucitado. Yo era Lázaro. Lloraba y me besaba. Estaba feliz, estaba con mucho miedo.

Tengo días malos y días buenos. En los buenos me conformo sólo con respirar. En los malos deseo estar muerta, que me llenen de pastillas para no pensar y pensarte.

A veces lloró el día entero. Mi doctor dice que no me hace bien llorar. El no entiende como te amaba. Al igual que yo no logro entender como he enloquecido por amar un irreal.

Trato de ser constante. Esta lucha la llevo sólo por ella, mi madre.

Me dan ganas de renunciar. Pero de verdad que lo intento, de verdad que trato…



Se supone que ahora existe una luz que se llevará toda mi oscuridad.

(Continuará…)

jueves, 12 de marzo de 2009

DIA 60


Zumbidos de moscas. Sólo escucho zumbidos de moscas.

Hombre: El cuadro se ha complicado. Grita constantemente y llora. No para de llorar. Hemos cambiado los medicamentos. Tenemos miedo que se haga daño.

Mujer: ¡Dios mío! ¿por qué?- lloraba inconsolablemente

Hombre: Debe ser fuerte. Estamos esperanzados que volverá. No he podido tener sesiones con ella. Tratamos de manejarla con calmantes eso me impide saber que piensa. Sin embargo creo que está sufriendo. Mi teoría es que si sufre es porque lo escucha menos. Sufre porque lo está perdiendo.

Mujer: No entiendo ¿cómo ocurrio esto?. Mi hija es joven, hermosa... podría estar con un hombre real. Siempre fue soñadora pero no entiendo este castigo.

¿Con los nuevos medicamentos estará así? sin hablar con la mirada perdida. A veces me horrorizo pensando que la prefiero loca, ella estaba feliz. Ahora es ver un alma en pena.

Hombre: Debe tener confianza. Su hija ya regresará.
Zumbidos de moscas
Zumbidos de moscas
Zumbidos de moscas

No me permiten escuchar. Zumbidos de moscas. Te vas...



DÍA 58


Me encontraba confundida. Me llenaban de pastillas junto a cada comida. Mi madre me rogaba que te dejara.

El siquiatra me repetía que no existías, que eras un escape que se alejaba de la realidad.
- ¡No puedo evitar amarlo!- le GRITÉ al doctor

No era necesario que me dijera algo. Sabía que el tampoco me creía. Ya ni me miraba sólo garabateaba en su block.

Cuando salí de su consulta te escuché nuevamente. Siempre aparecías en los momentos en que más te necesitaba.

- Te hago mal- me dijiste
- ¡No Nunca!. Quiero que estés conmigo por siempre, ellos no entienden- te dije
- ¿Y si ellos tuvieran razón?
- ¿¿Quieres dejarme??¿¿ Quieres que crea que no eres real??- las lágrimas me brotaron sin poder contenerlas.

Trate de tranquilizarme y mire alrededor. Había gente extraña. No me encontraba en casa. Me sentía aturdida y con un inmenso dolor. No sabía donde rayos estaba.

Y entonces te pedí nuestro primer beso. Te rogué por un abrazo. Te suplique acariciar tus manos. Y no me diste nada. Rompí a llorar otra vez.

Desde el fondo del jardín aparecieron dos hombres. Quise correr. Me aterrorice al ver que venían en mi dirección murmurando. Me tomaron entre sus brazos. No tuve la fuerza para luchar. Gritaba por ayuda pero la gente seguía su camino sin detenerse con mis suplicas. Te pedí ayuda. Grite tu nombre. Sentí que me iba a desvanecer. Ya no podía abrir mis ojos y escuchaba murmullos como zumbidos de moscas.

- Y tan joven que es- dijo un hombre
- La locas por amor- dijo otro

No supe de quién hablaban. No tenía fuerzas. Simplemente me dejé caer. Por primera vez me habías fallado.

DÍA 13


Moje mis manos y las llevé a mi cara en busca de paz y reacción. No podía por más que intentaba. No podía seguir con esto. Una vez más era traicionada por mis malas decisiones.

- ¿¿¿Qué si era peligroso??? - me pregunté sarcásticamente
- ¡¡¡¡Siiiiiiiii!!!!- Me grite al espejo. Sonreí por lo estúpida que era.
- Así que… ¿planeando tu propia locura?- continué

La noche anterior no cerré los ojos extasiada por saber el resto de la historia. Los sentimientos de complicidad me embriagaron. Lo absurdo de esto era el con quién tenía esa complicidad.

-¿¿¿Para eso no se necesitan al menos dos personas???- me dije con la poca cordura que me quedaba.

Volví mi rostro al espejo buscando algo real...y te escuché.

- ¿Por qué olvidarme?- preguntaste en mi interior
- ¡Porque no existes!- repliqué
- ¿Te hago mal?- preguntó sin ni siquiera dimensionar lo importante de su pregunta.
- Hmmm…- no tuve el valor de enfrentarme y decir que sí. Cómo negar mi deseo de que existas aunque sea en mi mente. Suspire largamente y salí en busca de un cigarro.

Esto es diferente. Me siento liviana, tanto como si comenzara a flotar. Mis pies pierden el contacto con el agrio suelo, me separo de este mundo.
- Contigo estoy en otro mundo …estoy libre- le susurré

Estuve contenida bastante tiempo…¿sería capaz de encausarme de nuevo y dejar de soñar lo inexistente?

¿Obsesión?... desbordante….
¿Deseos? ... incontrolables….
¿¿¿Miedo???… cada vez que te busco para que seas parte de mi realidad...

Ese día fue cuando escuche por primera vez que mi familia hablaba de alucinaciones.

¿Cómo explicarles que no se trataba de una locura?
¿Cómo explicarles que intentaba no escucharlo más?
¿Cómo explicarles que este loco amor por ese hombre era más fuerte que mi cordura?
¿Cómo explicarles que estaba comenzando a ser feliz?
(Continuará....)