
Una salida de chicas, la hora indicada eran las 19.00 horas.
Nos planificamos, nada podría arruinar el día. Organizamos y delegamos todas nuestras actividades, incluso aquellas post trabajo de oficina. El lugar “Pasta Basta”.
Las primeras en llegar fueron las que tenían niños. No tengo claro si se debió a la ansiedad de estar en otra sintonía, “un relajo” o simplemente… porque mientras más temprano llegas más temprano te vas.
Las últimas en llegar… las solteras con una gran distancia de ser inglesas.
Abrazos y besos, dieron inicio a la velada.
Éramos sin duda un espectáculo. Las risas no se midieron y creo el tono de nuestra voz iba por el mismo camino. De algún modo creamos una burbuja irreal, sentíamos que sólo éramos nosotras. Definitivamente no había el recato.
Conversamos del pasado, del presente y algo que se vislumbraba como un futuro inmediato. En nuestra conversación no existían pautas. La ansiedad de aprovechar al máximo cada minuto, nos llevo sin hacer espacios, de la alegría al dolor, de la risa al enojo. Recordamos muchos momentos y dimos a conocer muchos otros.
Esta salida se convirtió en una de esas noches muy energizantes. Razón, por la que no debíamos permitir que fuera cada 10 años. Entonces sacamos nuestras agendas en distintos formatos, de papel, electrónica y la más básica la memoria y apuntamos rápidamente el próximo encuentro en un lugar llamado Play back.
Somos tan distintas y tan iguales. Creo que eso nos ha mantenido juntas desde hace años, no nos vemos a diario pero cada encuentro es un “como si te hubiese visto ayer”
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