martes, 9 de junio de 2009

Hoy se volvió a romper mi corazón y mis lágrimas han llenado un nuevo mar

Dios Santo... es en estos momentos cuando me rebelo

¡No me merezco esto!

Tú sabes que voy cargada de buenas intenciones. Tú sabes que me pego como imán al triste y con lo que pueda lo ánimo. Tú sabes que llevo la culpabilidad en las venas y en la última que pienso es en mí. Tú sabes que me faltaba. Tú sabes con quién soñaba. Tú sabes que soy más frágil de lo que muestro. Tú sabes que me esfuerzo.

Entonces dime ¿por qué?

No tiene lógica.

No hay historias.

No hay cuerpos.

Sólo estoy yo y mi mente.

No hay magia.

No hay destino.

Sólo estoy yo y mi corazón hecho trizas.

Ahora sí que me siento en el fin del mundo

CÁNCER

“Cáncer”… por sólo escuchar… “Cáncer” ya nos imaginamos a quienes la padecen, a mil metros bajo tierra. El dolor que encierra la maldita enfermedad, es más cercano de lo que quisiera. He conocido soldados que han dado la lucha. Algunos han salido victoriosos, otros se quedaron en el camino llamado “Parches de Morfina”.

Mi suegra guerrera afortunada. Mi suegro con él todo fue a tiempo. Mi abuela que fue vencida a raíz de los efectos colaterales. La mamá de una gran amiga, que se fue como un rayo de luz. Mi prima, una joven mujer que sigue batallando con el mal genio. Mi papá que del susto terminó enfermo, ya que sólo era un error de la genética. Y con ellos innumerables.

Si el Cáncer se llevará sólo un par de mechones del cabello…

El Cáncer es una enfermedad que no se conforma con una víctima, por lo que ataca a toda una familia. Aparecen muchos a acompañarte, no importa si es el cargo de conciencia o el cariño lo que los motiva. Otros se van. Se frenan los proyectos y la fe así como aparece se desvanece. La fe se vuelve intermitente. Viene el cansancio del pobre enfermo y de quién le vela los sueños. Las rebeldías, los lamentos, los paisajes en la oscuridad.

En ese momento sólo quieres vida para tu ser querido. No importa si hay que vender o hipotecar la casa, no importa como se cubrirán los gastos. El dinero es lo que menos importa.

Mi prima y todos los que estábamos acompañándola queríamos eso vida. Cuando en el último examen le dijeron que ya no tenía cáncer. La alegría y de alguna manera los proyectos regresaron. La gente pensó “bueno está bien, ahora retomo mis rutinas” (yo fui una de ellas, que tonta al creer que el problema se había resuelto).

No fue así. Cynthia estaba mejor de salud. Pero los proyectos estaban truncados. Comenzaron a llegar las cuentas. En Chile la salud no es gratis y tampoco se paga con un par de pesos. Así que vendió su auto, con absoluta fe que todo solucionaría cuando se reintegrara al trabajo. Pero ¡que va! una “buena amiga” le dio el aviso de que buscara trabajo o que continuará con licencia.

¿¿¿Se lo pueden creer???

Como en la mayoría de las empresas, nos hemos transformado en números. Están esperando a que vuelva para despedirla. ¡¡Horror!!, ¿¿Quién irá a contratar a alguien que hace poco ha vencido el cáncer?? ¿¿¿Quién???

El cáncer se lleva más que el cabello. Se lleva la esperanza. Y muchas veces no se cansa hasta llevarse el cuerpo.

lunes, 8 de junio de 2009

VOLVER A TÍ (PATE 2 FINAL)

Vi la hora y recién habían pasado 40 minutos desde su partida.

- ¿Raúl?

- ¿Ana... qué pasa? - preguntó horrorizado al ver mi cara

Quise correr y abrazarlo. Decirle que lo amaba. Que nos diéramos una oportunidad.

- Me caí- respondí bajando la vista- ¿Qué paso? ¿Por qué volviste?- pregunté nerviosa.

- Se me quedaron unos papeles. Te estuve llamando pero no contestabas.

Note preocupación en su cara. Quise decirle que lo sabía todo Quise hacerle mil preguntas, pero no pude.

Se fue como siempre robándome el frío beso. Me di un baño. Me vestí. Parecía una zombie. Terminé los quehaceres de la casa. Me senté en nuestra cama. Y permanecí así, por mucho tiempo.

Los niños llegaron. No podía evitar mi pena frente a ellos, así que decidí llevarlos de paseo donde mi hermana, inventando una excusa para ausentarme. Volví a casa. Ya había decidido que lo correcto era dejarlo ir. Por más que intentaba mis lágrimas seguían recorriendo mi rostro.

Sonó el timbre. Bajé las escaleras. Al abrir la puerta me encontré con unas bellas rosas blancas.

- ¿La señora Ana Valencia? – preguntó un hombre que las traía.

- Soy yo- respondí secamente.

- Me firma – dijo acercando un papel

Luego me entregó las flores y se marchó. Aturdida comencé a buscar la tarjeta que me indicara que había un error. Que las flores no eran para mí. Me sorprendí al ver ni nombre en la tarjeta. En el momento en que la abría volvió a sonar el teléfono.

- ¿La señora Ana Valencia?

- Soy yo- contesté

- La llamo para informarle que su marido ha tenido un accidente

- ¿Cómo? ¿Dónde está? ¿Cómo está?

Mis angustias se triplicaron. De alguna manera había perdido a Raúl esta mañana, amaba a otra y podría con eso. Pero… perderlo para siempre… no verlo nunca más, superaba todos mis intentos.

Anoté la dirección de la clínica, en la misma tarjeta que había sacado de las flores y salí en su búsqueda.

Al llegar a la clínica lo único que me informaron era que había sido un accidente automovilístico. No sabía si Raúl estaba vivo o muerto. No sabía nada. Me sentía como león enjaulado. Y las únicas respuestas que recibía era que debía esperar al doctor.

Casi sin fuerzas para luchar. Me arrojé a un sillón en la sala de espera. Comencé a jugar con mis manos y de alguna forma terminé con la tarjeta que traían las rosas frente a mí.

La abrí mecánicamente. Reconocí la letra, era de Raúl. Comencé a leer y al mismo tiempo comencé a llorar nuevamente. No fue necesario terminar lo que decía, lo sabía de memoria. Eran las mismas dulces palabras, que me habían atormentado toda la mañana. Lloré… lloré sin consuelos. Una enfermera se acercó diciendo que todo iría bien. Que llamaría al doctor.

¿Cómo le explicaba a esa mujer?, que había perdido esa mañana a mi marido. Que ahora que lo recuperaba. No estaba conmigo. Que tal vez perdía a mi Raúl por segunda vez.

En ese momento apareció frente a mí un hombre de bata blanca. Me habló con palabras que casi ni comprendía.

- Señora Ana acompáñeme, su marido quiere verla. Bueno, él está furioso. No puede creer que la hayan hecho venir por unas costillas rotas.

- ¿Costillas rotas?¿ Mi esposo, está bien?

- ¡Claro! ya le di de alta, sólo debe seguir la instrucciones que le he dado.

No escuché más y salí corriendo. Todos mis tormentos habían desaparecido. Raúl estaba vivo. Me amaba y yo lo amaba con una locura desbordante.

Mi Raúl estaba para mí y Yo estaba para él. No existían tantas oportunidades y tantos sufrimientos en una sola mañana. Estaba decidido no iba dejar escapar a mi gran amor nunca más.


FIN

VOLVER A TÍ (PARTE 1)

Desde hace un tiempo las cosas ya no eran como antes. En nuestra casa no abundaban las discusiones, sin embargo los silencios y sequías que existían con el hombre que había escogido para amar, se estaban transformando en una constante. Quise creer que eran los efectos del día a día. El mantener un hogar no era fácil y menos si eran tres los niños que debíamos alimentar. Creía que estaba agotado, que necesitaba espacio. Creía que las distancias no se debían a falta de amor.

Una mañana de lunes, fue la que desencadenó todos mis tormentos.

- ¡Niños, rápido!. ¡Vamos a llegar atrasados al colegio!- gritaba Raúl, mientras me robaba un frío beso en la mejilla.

Los niños corrieron escaleras abajo. Bulliciosos como siempre. Me besaron tan rápido, que no me dio tiempo de memorizar cada uno de sus olores. Al cerrar la puerta, di un largo suspiro. Ya había cumplido con una de mis tareas diarias. A partir de ese momento, me quedaban sólo seis horas para verlos nuevamente. Seis horas que desde hace algún tiempo tenían agendadas las mismas actividades.

Sonó el teléfono. Corrí a contestar. Para mala fortuna, me enredé con el traje que mi marido había usado el día anterior. Como siempre estaba tirado en suelo. No tuve tiempo para contestar, por lo que continué con mis tareas. Del bolsillo de su pantalón cayó una nota. En un comienzo sólo divise garabatos. No había dudas que era un borrador. Estaba llena de palabras, muchas de ellas tachadas. La curiosidad pudo conmigo. Y para mis horrores descubrí, que se trataba de una carta dirigida a una mujer. Una mujer que definitivamente lo traía de cabeza. Una mujer que él amaba.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sentí que las bases del suelo eran movedizas. Por lo que me tumbe en el suelo.

- ¡Me dejó de querer!- me dije en voz alta.

Estaba en shock. Mis ojos no daban crédito a lo que leía. Traté de razonar. Rebobine miles de mis días junto a él, en busca de otra señal, en busca de otra prueba. Habían distancias, eso bien lo sabía. Pero, ¿una amante?. Yo no había salido en busca de uno, teniendo los mismos derechos. Derechos que había renunciado el día en que sellamos nuestro compromiso.

Comencé a experimentar una rabia infinita que se mezclaba con asco. Me miré al espejo y me sentí horrible. No era la mujer de hace 15 años. No era la mujer con la que él se había casado.

- ¿Cómo será ella? – me dije nuevamente a viva voz

Miles de teorías acompañaron a las miles de preguntas que se albergaban sin cesar dentro de mi cabeza.

- ¿Cuándo la conoció? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué?

Tomé nuevamente la carta. La leí dos o tres veces. No tenía dudas él la amaba. Pensé en reconquistarlo. Comencé a sentir culpas. Pensé en mis hijos.

Sonó nuevamente el teléfono.

No fui capaz de contestar. Me vi con las manos mojadas. Al igual que el trozo de papel que sostenía en ellas. Desde hace un rato que estaba llorando y ni siquiera me había dado cuenta.

No sabía que hacer. No lograba encausar lo que sentía. Odio, Asco, Pena, Miedo. Tumbada en el suelo reconocí una herida que se impregnaba en mi corazón. Había sido traicionada y a pesar de eso seguía amándolo. Mi cuerpo entero rechazaba la idea de reconquistarlo. No podía luchar, si él estaba enamorado. Desde jóvenes nunca lo presioné. Siempre lo dejé libre. Y ahora no iba a ser la excepción. Él tendría que decidir. Yo no iba a forzar nada.

Ese día lunes fue un verdadero tormento. Con ánimos de calmar mi dolor, comencé a pensar una vida sin él. Tendría que volver al trabajo, y eso no me molestaba al contrario necesitaba salir de mis cuatro paredes. Los niños... los niños… traté de pensar que ocurriría con ellos. Volví a llorar, esta vez porque me sentía culpable. Mis hijos iban a sufrir.

Comencé a bloquear mis sentimientos. Incluso pensé, que no era amor lo que sentía por Raúl. Era el padre de mis hijos y el compañero en muchas de mis etapas. Lo quería, pero no era amor. Rompí a llorar nuevamente. ¿Qué iba hacer?. Por más que quisiera no podía negar que amaba a Raúl con locura.

No me di cuenta como pasó el tiempo. Hasta que sentí que alguien habría la puerta.

- ¡Los niños!- me dije

(Continuará)


sábado, 6 de junio de 2009

ENCUENTRO

El terror y la ansiedad recorría cada fibra de mi cuerpo. Sólo quedaban un par de minutos y se encontraría frente a mí. Tuve ganas de correr e incluso pensé en esconderme y verle de lejos. No podía ser tan inmadura. ¡Fueron mis impulsos! me repetía. No podía dar crédito que era mi corazón el que me había llevado hasta ese momento.

- Vuelo 577 arribará por puerta 20 C- se oyó por el alto parlante.

Supliqué tranquilidad. Estaba desde hace años sentenciada. Estaba desde hace años resignada.

Me había enamorado locamente del hombre que bajaría hoy del vuelo 577. Por años nos separaron distancias y podía con eso. Ahora que tan sólo nos separaban minutos y que más tarde se convertirían en los 7 cm que ditanciaría su beso, desde mi mejilla a mis labios. ¡Era demasiado!.

¿ Como ocultar? ¿Cómo controlar mis deseos?- eran las preguntas que me atormentaban

Me iba bien ocultándole que lo amaba, ya que no miraba mis ojos. ¿Qué iba hacer ahora?

Mis manos no se cansaban de restregar mi rostro. Aún teniendo los ojos cerrados, continuaba tapándolos con mis manos. Sumergida en mis miedos. El mundo que me rodeaba se transformó en silencio. Inspiré un largo segundo. Estaba ahí a un par de minutos. Y él estaba ahí ya sin distancias.

Me paré del sillón. Arreglé mis ropas y peiné con las manos mi desordenado pelo. Tomé dirección a la puerta 20 C.

No alcancé a llegar a mi destino, cuando lo divisé en la multitud. Si no estaba muerta en ese momento, se debía a que cada parte de mi cuerpo estaba lleno de vida. Mis pulsaciones, el color en el rostro, el tic tac de mi corazón, el fuego de mi cuerpo todo me decía que estaba viva.

No alcancé a alzar mi mano cuando me vio. Me sonrió. Como si hubiese sido un hechizo dejé de oír el bullicio de la gente, el ruido de los aviones. No había nadie sólo él y yo. Comencé a caminar y mi destino eran sus brazos.

Finalmente nos encontramos. No podía dejar de mirarlo. Por alguna razón su sonrisa se desvaneció. Estábamos ahí frente a frente. Sin tocarnos. Sin decirnos palabras. No hacíamos más que mirarnos con la respiración alborotada.

Mordí mi labio en busca de reprimir mis instintos. No podía más mi corazón, se iba a partir en dos.

Quería controlar lo incontrolable, así que solté la primera palabra...

- Hola

Sin responder él me abrazó y me besó las mejillas

Su exquisito olor entró como un veneno. Sentir su calor fue lo que me quemó. Al separar nuestros cuerpos reconocí que moriría sin uno de sus besos. Y sin pensarlo levante mi mano. Acaricie su pelo enredando mis dedos desde su frente hasta su barbilla. Creí que sólo era yo quién se impulsaba a sus labios. Cuando me detuve en su brazo rodeando mi cintura acercándome a su cuerpo. Sentimos nuestro aliento lleno de fuego. Unimos suavemente nuestros labios. Los que comenzaron actuar por cuenta propia. Lo suave se volvió furioso. Y el miedo terminó en entrega.

Era perfecto. Con ese beso supe que él me pertenecía tanto como yo.

jueves, 4 de junio de 2009

Quisiera navegar en las profundidades
y perderme en el frío oleaje
Tal vez en un escenario distinto te pueda volver a encontrar

MI AMOR PERFECTO


Con la misma intensidad que me siento buena madre, me siento una total incompetente que no cumple bien su papel. Soy muy autocrítica. Y cuando se trata de tí, no me llenan los consuelos "nadie te enseña a ser madre"


Es que te amo tanto. Es tan grande mi locura por tí. Es tan incodicional y de una pureza que no imaginaba.

No se trata de ser la mejor... se trata de que este amor perfecto se materialice, tal cual sin errores.

No se trata de ser la mejor... se trata de que mi humanidad no te haga daño.

No se trata de ser la mejor... se trata de que la inspiración sea la correcta y que mis palabras sean lo que necesites.

No se trata de ser la mejor... se trata de que seas un ser que completo y feliz.

No se trata de ser la mejor...
Se trata de que tú estés bien
¡Es que te amo tanto!

Es tan grande mi locura por tí

Que sólo te quiero bien

Que sólo te quiero bien