sábado, 6 de junio de 2009

ENCUENTRO

El terror y la ansiedad recorría cada fibra de mi cuerpo. Sólo quedaban un par de minutos y se encontraría frente a mí. Tuve ganas de correr e incluso pensé en esconderme y verle de lejos. No podía ser tan inmadura. ¡Fueron mis impulsos! me repetía. No podía dar crédito que era mi corazón el que me había llevado hasta ese momento.

- Vuelo 577 arribará por puerta 20 C- se oyó por el alto parlante.

Supliqué tranquilidad. Estaba desde hace años sentenciada. Estaba desde hace años resignada.

Me había enamorado locamente del hombre que bajaría hoy del vuelo 577. Por años nos separaron distancias y podía con eso. Ahora que tan sólo nos separaban minutos y que más tarde se convertirían en los 7 cm que ditanciaría su beso, desde mi mejilla a mis labios. ¡Era demasiado!.

¿ Como ocultar? ¿Cómo controlar mis deseos?- eran las preguntas que me atormentaban

Me iba bien ocultándole que lo amaba, ya que no miraba mis ojos. ¿Qué iba hacer ahora?

Mis manos no se cansaban de restregar mi rostro. Aún teniendo los ojos cerrados, continuaba tapándolos con mis manos. Sumergida en mis miedos. El mundo que me rodeaba se transformó en silencio. Inspiré un largo segundo. Estaba ahí a un par de minutos. Y él estaba ahí ya sin distancias.

Me paré del sillón. Arreglé mis ropas y peiné con las manos mi desordenado pelo. Tomé dirección a la puerta 20 C.

No alcancé a llegar a mi destino, cuando lo divisé en la multitud. Si no estaba muerta en ese momento, se debía a que cada parte de mi cuerpo estaba lleno de vida. Mis pulsaciones, el color en el rostro, el tic tac de mi corazón, el fuego de mi cuerpo todo me decía que estaba viva.

No alcancé a alzar mi mano cuando me vio. Me sonrió. Como si hubiese sido un hechizo dejé de oír el bullicio de la gente, el ruido de los aviones. No había nadie sólo él y yo. Comencé a caminar y mi destino eran sus brazos.

Finalmente nos encontramos. No podía dejar de mirarlo. Por alguna razón su sonrisa se desvaneció. Estábamos ahí frente a frente. Sin tocarnos. Sin decirnos palabras. No hacíamos más que mirarnos con la respiración alborotada.

Mordí mi labio en busca de reprimir mis instintos. No podía más mi corazón, se iba a partir en dos.

Quería controlar lo incontrolable, así que solté la primera palabra...

- Hola

Sin responder él me abrazó y me besó las mejillas

Su exquisito olor entró como un veneno. Sentir su calor fue lo que me quemó. Al separar nuestros cuerpos reconocí que moriría sin uno de sus besos. Y sin pensarlo levante mi mano. Acaricie su pelo enredando mis dedos desde su frente hasta su barbilla. Creí que sólo era yo quién se impulsaba a sus labios. Cuando me detuve en su brazo rodeando mi cintura acercándome a su cuerpo. Sentimos nuestro aliento lleno de fuego. Unimos suavemente nuestros labios. Los que comenzaron actuar por cuenta propia. Lo suave se volvió furioso. Y el miedo terminó en entrega.

Era perfecto. Con ese beso supe que él me pertenecía tanto como yo.

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