Mostrando entradas con la etiqueta Marpaz (Volver a tí). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marpaz (Volver a tí). Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2009

VOLVER A TÍ (PATE 2 FINAL)

Vi la hora y recién habían pasado 40 minutos desde su partida.

- ¿Raúl?

- ¿Ana... qué pasa? - preguntó horrorizado al ver mi cara

Quise correr y abrazarlo. Decirle que lo amaba. Que nos diéramos una oportunidad.

- Me caí- respondí bajando la vista- ¿Qué paso? ¿Por qué volviste?- pregunté nerviosa.

- Se me quedaron unos papeles. Te estuve llamando pero no contestabas.

Note preocupación en su cara. Quise decirle que lo sabía todo Quise hacerle mil preguntas, pero no pude.

Se fue como siempre robándome el frío beso. Me di un baño. Me vestí. Parecía una zombie. Terminé los quehaceres de la casa. Me senté en nuestra cama. Y permanecí así, por mucho tiempo.

Los niños llegaron. No podía evitar mi pena frente a ellos, así que decidí llevarlos de paseo donde mi hermana, inventando una excusa para ausentarme. Volví a casa. Ya había decidido que lo correcto era dejarlo ir. Por más que intentaba mis lágrimas seguían recorriendo mi rostro.

Sonó el timbre. Bajé las escaleras. Al abrir la puerta me encontré con unas bellas rosas blancas.

- ¿La señora Ana Valencia? – preguntó un hombre que las traía.

- Soy yo- respondí secamente.

- Me firma – dijo acercando un papel

Luego me entregó las flores y se marchó. Aturdida comencé a buscar la tarjeta que me indicara que había un error. Que las flores no eran para mí. Me sorprendí al ver ni nombre en la tarjeta. En el momento en que la abría volvió a sonar el teléfono.

- ¿La señora Ana Valencia?

- Soy yo- contesté

- La llamo para informarle que su marido ha tenido un accidente

- ¿Cómo? ¿Dónde está? ¿Cómo está?

Mis angustias se triplicaron. De alguna manera había perdido a Raúl esta mañana, amaba a otra y podría con eso. Pero… perderlo para siempre… no verlo nunca más, superaba todos mis intentos.

Anoté la dirección de la clínica, en la misma tarjeta que había sacado de las flores y salí en su búsqueda.

Al llegar a la clínica lo único que me informaron era que había sido un accidente automovilístico. No sabía si Raúl estaba vivo o muerto. No sabía nada. Me sentía como león enjaulado. Y las únicas respuestas que recibía era que debía esperar al doctor.

Casi sin fuerzas para luchar. Me arrojé a un sillón en la sala de espera. Comencé a jugar con mis manos y de alguna forma terminé con la tarjeta que traían las rosas frente a mí.

La abrí mecánicamente. Reconocí la letra, era de Raúl. Comencé a leer y al mismo tiempo comencé a llorar nuevamente. No fue necesario terminar lo que decía, lo sabía de memoria. Eran las mismas dulces palabras, que me habían atormentado toda la mañana. Lloré… lloré sin consuelos. Una enfermera se acercó diciendo que todo iría bien. Que llamaría al doctor.

¿Cómo le explicaba a esa mujer?, que había perdido esa mañana a mi marido. Que ahora que lo recuperaba. No estaba conmigo. Que tal vez perdía a mi Raúl por segunda vez.

En ese momento apareció frente a mí un hombre de bata blanca. Me habló con palabras que casi ni comprendía.

- Señora Ana acompáñeme, su marido quiere verla. Bueno, él está furioso. No puede creer que la hayan hecho venir por unas costillas rotas.

- ¿Costillas rotas?¿ Mi esposo, está bien?

- ¡Claro! ya le di de alta, sólo debe seguir la instrucciones que le he dado.

No escuché más y salí corriendo. Todos mis tormentos habían desaparecido. Raúl estaba vivo. Me amaba y yo lo amaba con una locura desbordante.

Mi Raúl estaba para mí y Yo estaba para él. No existían tantas oportunidades y tantos sufrimientos en una sola mañana. Estaba decidido no iba dejar escapar a mi gran amor nunca más.


FIN

VOLVER A TÍ (PARTE 1)

Desde hace un tiempo las cosas ya no eran como antes. En nuestra casa no abundaban las discusiones, sin embargo los silencios y sequías que existían con el hombre que había escogido para amar, se estaban transformando en una constante. Quise creer que eran los efectos del día a día. El mantener un hogar no era fácil y menos si eran tres los niños que debíamos alimentar. Creía que estaba agotado, que necesitaba espacio. Creía que las distancias no se debían a falta de amor.

Una mañana de lunes, fue la que desencadenó todos mis tormentos.

- ¡Niños, rápido!. ¡Vamos a llegar atrasados al colegio!- gritaba Raúl, mientras me robaba un frío beso en la mejilla.

Los niños corrieron escaleras abajo. Bulliciosos como siempre. Me besaron tan rápido, que no me dio tiempo de memorizar cada uno de sus olores. Al cerrar la puerta, di un largo suspiro. Ya había cumplido con una de mis tareas diarias. A partir de ese momento, me quedaban sólo seis horas para verlos nuevamente. Seis horas que desde hace algún tiempo tenían agendadas las mismas actividades.

Sonó el teléfono. Corrí a contestar. Para mala fortuna, me enredé con el traje que mi marido había usado el día anterior. Como siempre estaba tirado en suelo. No tuve tiempo para contestar, por lo que continué con mis tareas. Del bolsillo de su pantalón cayó una nota. En un comienzo sólo divise garabatos. No había dudas que era un borrador. Estaba llena de palabras, muchas de ellas tachadas. La curiosidad pudo conmigo. Y para mis horrores descubrí, que se trataba de una carta dirigida a una mujer. Una mujer que definitivamente lo traía de cabeza. Una mujer que él amaba.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sentí que las bases del suelo eran movedizas. Por lo que me tumbe en el suelo.

- ¡Me dejó de querer!- me dije en voz alta.

Estaba en shock. Mis ojos no daban crédito a lo que leía. Traté de razonar. Rebobine miles de mis días junto a él, en busca de otra señal, en busca de otra prueba. Habían distancias, eso bien lo sabía. Pero, ¿una amante?. Yo no había salido en busca de uno, teniendo los mismos derechos. Derechos que había renunciado el día en que sellamos nuestro compromiso.

Comencé a experimentar una rabia infinita que se mezclaba con asco. Me miré al espejo y me sentí horrible. No era la mujer de hace 15 años. No era la mujer con la que él se había casado.

- ¿Cómo será ella? – me dije nuevamente a viva voz

Miles de teorías acompañaron a las miles de preguntas que se albergaban sin cesar dentro de mi cabeza.

- ¿Cuándo la conoció? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué?

Tomé nuevamente la carta. La leí dos o tres veces. No tenía dudas él la amaba. Pensé en reconquistarlo. Comencé a sentir culpas. Pensé en mis hijos.

Sonó nuevamente el teléfono.

No fui capaz de contestar. Me vi con las manos mojadas. Al igual que el trozo de papel que sostenía en ellas. Desde hace un rato que estaba llorando y ni siquiera me había dado cuenta.

No sabía que hacer. No lograba encausar lo que sentía. Odio, Asco, Pena, Miedo. Tumbada en el suelo reconocí una herida que se impregnaba en mi corazón. Había sido traicionada y a pesar de eso seguía amándolo. Mi cuerpo entero rechazaba la idea de reconquistarlo. No podía luchar, si él estaba enamorado. Desde jóvenes nunca lo presioné. Siempre lo dejé libre. Y ahora no iba a ser la excepción. Él tendría que decidir. Yo no iba a forzar nada.

Ese día lunes fue un verdadero tormento. Con ánimos de calmar mi dolor, comencé a pensar una vida sin él. Tendría que volver al trabajo, y eso no me molestaba al contrario necesitaba salir de mis cuatro paredes. Los niños... los niños… traté de pensar que ocurriría con ellos. Volví a llorar, esta vez porque me sentía culpable. Mis hijos iban a sufrir.

Comencé a bloquear mis sentimientos. Incluso pensé, que no era amor lo que sentía por Raúl. Era el padre de mis hijos y el compañero en muchas de mis etapas. Lo quería, pero no era amor. Rompí a llorar nuevamente. ¿Qué iba hacer?. Por más que quisiera no podía negar que amaba a Raúl con locura.

No me di cuenta como pasó el tiempo. Hasta que sentí que alguien habría la puerta.

- ¡Los niños!- me dije

(Continuará)