Desde hace un tiempo las cosas ya no eran como antes. En nuestra casa no abundaban las discusiones, sin embargo los silencios y sequías que existían con el hombre que había escogido para amar, se estaban transformando en una constante. Quise creer que eran los efectos del día a día. El mantener un hogar no era fácil y menos si eran tres los niños que debíamos alimentar. Creía que estaba agotado, que necesitaba espacio. Creía que las distancias no se debían a falta de amor.
Una mañana de lunes, fue la que desencadenó todos mis tormentos.
- ¡Niños, rápido!. ¡Vamos a llegar atrasados al colegio!- gritaba Raúl, mientras me robaba un frío beso en la mejilla.
Los niños corrieron escaleras abajo. Bulliciosos como siempre. Me besaron tan rápido, que no me dio tiempo de memorizar cada uno de sus olores. Al cerrar la puerta, di un largo suspiro. Ya había cumplido con una de mis tareas diarias. A partir de ese momento, me quedaban sólo seis horas para verlos nuevamente. Seis horas que desde hace algún tiempo tenían agendadas las mismas actividades.
Sonó el teléfono. Corrí a contestar. Para mala fortuna, me enredé con el traje que mi marido había usado el día anterior. Como siempre estaba tirado en suelo. No tuve tiempo para contestar, por lo que continué con mis tareas. Del bolsillo de su pantalón cayó una nota. En un comienzo sólo divise garabatos. No había dudas que era un borrador. Estaba llena de palabras, muchas de ellas tachadas. La curiosidad pudo conmigo. Y para mis horrores descubrí, que se trataba de una carta dirigida a una mujer. Una mujer que definitivamente lo traía de cabeza. Una mujer que él amaba.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sentí que las bases del suelo eran movedizas. Por lo que me tumbe en el suelo.
- ¡Me dejó de querer!- me dije en voz alta.
Estaba en shock. Mis ojos no daban crédito a lo que leía. Traté de razonar. Rebobine miles de mis días junto a él, en busca de otra señal, en busca de otra prueba. Habían distancias, eso bien lo sabía. Pero, ¿una amante?. Yo no había salido en busca de uno, teniendo los mismos derechos. Derechos que había renunciado el día en que sellamos nuestro compromiso.
Comencé a experimentar una rabia infinita que se mezclaba con asco. Me miré al espejo y me sentí horrible. No era la mujer de hace 15 años. No era la mujer con la que él se había casado.
- ¿Cómo será ella? – me dije nuevamente a viva voz
Miles de teorías acompañaron a las miles de preguntas que se albergaban sin cesar dentro de mi cabeza.
- ¿Cuándo la conoció? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué?
Tomé nuevamente la carta. La leí dos o tres veces. No tenía dudas él la amaba. Pensé en reconquistarlo. Comencé a sentir culpas. Pensé en mis hijos.
Sonó nuevamente el teléfono.
No fui capaz de contestar. Me vi con las manos mojadas. Al igual que el trozo de papel que sostenía en ellas. Desde hace un rato que estaba llorando y ni siquiera me había dado cuenta.
No sabía que hacer. No lograba encausar lo que sentía. Odio, Asco, Pena, Miedo. Tumbada en el suelo reconocí una herida que se impregnaba en mi corazón. Había sido traicionada y a pesar de eso seguía amándolo. Mi cuerpo entero rechazaba la idea de reconquistarlo. No podía luchar, si él estaba enamorado. Desde jóvenes nunca lo presioné. Siempre lo dejé libre. Y ahora no iba a ser la excepción. Él tendría que decidir. Yo no iba a forzar nada.
Ese día lunes fue un verdadero tormento. Con ánimos de calmar mi dolor, comencé a pensar una vida sin él. Tendría que volver al trabajo, y eso no me molestaba al contrario necesitaba salir de mis cuatro paredes. Los niños... los niños… traté de pensar que ocurriría con ellos. Volví a llorar, esta vez porque me sentía culpable. Mis hijos iban a sufrir.
Comencé a bloquear mis sentimientos. Incluso pensé, que no era amor lo que sentía por Raúl. Era el padre de mis hijos y el compañero en muchas de mis etapas. Lo quería, pero no era amor. Rompí a llorar nuevamente. ¿Qué iba hacer?. Por más que quisiera no podía negar que amaba a Raúl con locura.
No me di cuenta como pasó el tiempo. Hasta que sentí que alguien habría la puerta.
- ¡Los niños!- me dije
(Continuará)

