La vida me ha dado ciento de posibilidades. Me golpeo el fuero interno con bastante frecuencia, pero con diferente intensidad. No fui tan aplicada, tuve que esperar hasta mis 30 para entender que era lo que en realidad me quería mostrar.
El primer intento de esta “mi vida” fue a mis 17. Se me movió el piso, en el ámbito familiar. El motor del cambio no fue la pena, sino fue la rabia infinita que no sabía como canalizar. Mi resentimiento daño a muchos y alejo a varios. Cuando volví a la calma, vi que mi gente aún me esperaba, seguía ahí tal como los había dejado con todos mis reproches. Entendí en ese momento que el amor no siempre es perfección. Entendí que no existían superhéroes. Entendí el amor real. Entendí que podía perdonar y que podía perdonarme.
El segundo intento casi sin darme respiros, fue a los 21. Se me movió el piso, en el ámbito relaciones. El motor del cambio absolutamente fue el dolor. No había espacios de risas para mí. Estaba al borde de un precipicio. Mi energía sólo era para llorar. Cuando volví a la calma descubrí que no era tan insignificante. Descubrí a los que eran mi familia por opción. Descubrí a mis amigos y a un hombre que me amó. Entendí que era capaz de generar amor en personas que no eran mi familia, que no tenían la obligación genética de acompañarme.
El tercer intento fue a los 31. Se movió todo, ¡absolutamente todo!. Las bases que apoyaban lo que era hasta entonces mi vida, habían cedido. Estaba tan cansada. Estaba tan bloqueada. No me conocía. No vivía. Por esos días me dedicaba a matar las horas, me levantaba para seguir una rutina. Llego el día en que sin aviso se apago el piloto automático y deje de respirar. Comenzaron mis crisis de pánico. Cuando me diagnosticaron la patología estaba absurdamente dichosa, pensaba que una pastilla me iba a devolver la felicidad Otra vez como el avestruz escondí mi cabeza y negué mis sentimientos. Me recupere con fármacos y sesiones de psicólogo. En realidad no me recupere sólo me estabilice. Crecí un montón, pero continuaba con mi ceguera.
Ni siquiera sabía responder algo tan simple…
¿De qué manera le gustan cocinados los huevos a la Marcela? ¿Revueltos?, ¿Duros?, ¿Fritos?, ¿A la copa?...
Y así unas preguntas mucho mas trascendentales como…
¿Qué le gusta la Marcela?, ¿Qué quiere la Marcela?, ¿Cómo es la Marcela?, ¿Qué sueña la Marcela?, ¿Es feliz la Marcela?, ¿Realmente es lo que querías Marcela?
Y Entendí que a mis cortos treinta y tantos no había vivido mi vida, la verdad que a esa altura ya no me importa el ¿Por qué no lo hice?. Viví en función de ver feliz al resto. Me acomode a un sin número de personalidades. Me convertía en lo que el otro necesitaba. Seguí a la corriente para no incomodar con mi opinión. "Estaba", "acompañaba" y "amaba" a quién lo pidiera. No decidía nada. Estaba tan bloqueada, que deje de respirar en una crisis de pánico. Creo que era una especie de intento de suicidio de mi alma.
Estaba tan seca. Estaba tan contenida. Me olvide en un cajón. Me olvide desde que era una niña.
Estaba Ciega, Ciega, Ciega, Contenida mil veces Contenida y simplemente paso….
Es como si hubiese estado escrito. Fue tan drástico, tan potente, tan lleno de pasión. Una cosa trajo a la otra. Me tope con gente en el camino y esa gente se topo sólo conmigo ya no habían otras personas a mi lado que hicieran que adoptara el papel de la seguidora.
A los 32, comencé a sentir un aburrimiento intenso de mi vida. Y por primera vez se apodero de mi la valentía. Estaba decidida a quebrar con mi conformismo. Mi credo era el movimiento, no podía seguir inerte. Me sentí infantil, pero decidida. Descubrí que no sabía nada de mi, y poco a poco me fui reencontrando. No soy la misma y nunca lo seré.
He despertado sentimientos que creí que no los tenía. Soy muy apasionada, muy apasionada, estoy convencida que ese fuego me liberó. Me asombra mi capacidad de control, me asombra por que fueron años de hielo.
Para mi todo estaba escrito, era mi tiempo, era mi lugar. Siento que por primera vez yo soy quién toma la pluma para escribir el futuro que yo decido. Tengo miedos como cualquiera, pero no quiero repetir la historia. Cuando estaba con piloto automático mi mayor temor era enfrentar la muerte, ahora que soy yo quién conduce mi mayor temor es no vivir intensamente. Esperaba una especie de rescate ¡Ja!, la ironía era que el salvavidas siempre había sido yo.
Era mi tiempo, era mi hora, me siento agradecida y muy afortunada por despertar a mis 30 y no cuando estuviera dentro de un cajón que no es el de mi velador.
P.D.
Me gustan los huevos revueltos en el desayuno y los fines de semana, ya que esos días tengo más tiempo y los disfruto. Odio comer apurada.
Me fascinan las flores. Son los colores y la alegría que representan. Prefiero no verlas en un jarrón, las prefiero plantadas o en algún tapizado.
Me encantan los colores y los estampados, pienso que dan alegría y personalidad. Son mi marca personal y me fascina usarlos y la razón es porque no todos se atreven.
Tengo debilidad por los relojes… siempre voy a querer uno.
Me encanta un hombre con buen humor. Me encanta el humor dinámico, que mezcla el sarcasmo con la coquetería. (Yo nunca me quedo callada siempre tengo una respuesta)
Me encanta manejar de noche por la ciudad, escuchando música con la ventana abajo, me siento libreeeeeee
Me encanta mi nombre Marcela Paz… es para mí, esa soy yo.
Me encanta sentir emociones, alegrías, celos, enojos, amor. Definitivamente la pena no la quiero sentir más.
Me encanta el rock anglo (rock no pop)
No puedo evitarlo aún soy insegura… (o no?)
Y… no por ser última la menos importante me encanta escribir, me encanta, me energiza, me enorgullece, me hace emocionarme, me siento viva.