Por estos días me pregunto ¿Cómo comenzó esta historia?. ¿Cómo? y ¿Cuándo? Él se hizo una necesidad para mí?.
Tengo muchos espacios en blanco. No sé de días, tampoco recuerdo las primeras sensaciones. Entró en mi vida con paso suave, no tuve ninguna señal que me alertara del resultado de nuestro primer encuentro virtual.
Fue un día de marzo, cuando el tibio sol movilizó mis ojos. Desde hace un tiempo que ya no cerraba las gruesas cortinas azules que acompañaban mi ventana. Me había cansado de tanta oscuridad por lo que sólo me protegía de no caer en la vista de algún extraño el gastado visillo color crema que había heredado del cambio en la decoración que se había realizado meses atrás en la casa de mi madre. Voltee hacia el velador, en busca de mi celular, tenía que asegurarme que no era un día de “aquellos” en los que con una inconsciencia absoluta desconectaba todas mis obligaciones sumergiéndome en un profundo sueño. Quedarme dormida no beneficiaba a nadie, el humor que me traía particularmente en esas mañanas de locura y estrés podría asustar a cualquiera.
Con sorpresa descubrí que aún me quedaban 20 minutos antes de que comenzara a sonar la alarma. Me estire por largos minutos, me encantaba sentirme dueña y señora de una cama de dos plazas. Para curiosidad de muchas de mis amigas, a mis casi treinta años el matrimonio todavía no pasaba a ser un problema. Tal vez sería porque nadie me inspiraba.
De pronto, como si hubiese despertado abruptamente de un sueño, recordé lo importante que iba a ser ese día. Por fin se cumplía uno de mis sueños, sería una chica motorizada, tendría mi primer vehículo. No se trataba de un Audi 3 como siempre había soñado, pero un Chevrolet no estaba nada de mal, era lo que estaba a mi alcance. Un Chevrolet que iba a querer como a un hijo, ya no dependería más de ese inestable Transantiago. No más metro, no más filas de esperas, sólo mi Chevrolet y yo.
De un salto llegue a la ducha, me vestí como si fuera un día de “aquellos” pero mi humor estaba impecable, absolutamente feliz. Mi desayuno un vaso de coca- cola, la ansiedad me había quitado el hambre por completo.
Llegue a la oficina, algo irradiaba estaba segura ya que en el camino varios extraños me devolvieron una sonrisa. Yo no me caracterizaba por ser una persona atractiva y tampoco por la sociabilidad, así que algo irradiaba. Encendí el computador como era habitual, busque el portal de noticias y navegue un rato para estar al tanto de la actualidad. La cita en la automotora era en la tarde a eso de las cinco, así que tenía varias horas para ponerme al día en mis tareas. En ese momento apareció Andrea. Ella formaba parte del equipo que trabajaba con el Grupo Electronic, proyecto que estaba a mi cargo. Era una chica menuda y bien atractiva, sin duda su cabello rubio y ojos almendrados color miel no pasaban desapercibidos por lo hombres. Debo reconocer que a veces me incomodaba su belleza, sin embargo no podía cargar con ella mis inseguridades. La simpatía y dulzura que irradiaba me habían conquistado por lo que al poco tiempo de conocernos ya éramos grandes amigas.
- Hola Marce, ¿el gran día no?
- Hola Andre. ¡Ay Si!, hoy tendré las llavecitas del cielo. Si pudiera manejaría hoy mismo por toda la carretera Austral.
- Mmmm tentador- sonrío con dulzura- Por cierto, ¿Te enteraste del gasto en publicidad que va a realizar el Grupo Electronic?. Esto va a cambiar absolutamente el presupuesto, hay que considerar realizar provisiones.
- Algo me comentaron pero no manejo aún los valores.
- Yo creo que Javier maneja más información, por algo es el Jefe ¿No?
Rompimos en risas.
Javier era un soltero empedernido que bordeaba los 38 años. Odiaba los compromisos tanto como yo. Su apariencia no caía precisamente en los cánones de belleza. El metro ochenta y cinco de estatura era acompañado de cabello y ojos marrones, los que hacían un juego perfecto con sus cejas prominentes y su gran nariz. En cada paso que daba desprendía una seguridad infinita y si a eso sumábamos su inteligencia, no era difícil de adivinar que era absolutamente capaz de derretir a cualquier mujer.
Para la firma el Grupo Electronic era de suma importancia, razón por el cual lo habían nombrado como Gerente, eran conocidas sus capacidades de negociación, él era el mejor. Pero nosotras no teníamos la misma opinión. Era la primera vez que trabajaba a su lado y mi opinión era que Javier distaba mucho de cumplir las funciones de jefe, parecía definitivamente no importarle. Su labor hasta el minuto se había centrado sólo en asuntos sociales.
Trabajamos mucho esa mañana, habían cambios y decisiones que tomar. Tanto ajetreo terminó por avanzar el reloj más rápido de lo habitual, por lo que no alcance a darme cuenta que tenía que ir a buscar a mi joyita.
A ratos me asustaba ser tan materialista, ¿un auto compararlo a un hijo? Naaa. Estaba feliz materialista o no, me sentía como si me hubiesen regalado el brillante más grande del mundo.
Continuará….